El Chavo del 8 se estrena en la remota Cordillera de Vilcabamba entre Choquequirao y Machu Picchu

5 07 2011

Hace algún tiempo un grupo de caminantes cruzó la Cordillera de Vilcabamba, uniendo los valles de los ríos Apurímac y Urubamba. Llevaban una carga (un encargo) muy especial.

Hasta ahora no deja de sorprender que tan poca gente (¡tan pocos peruanos!) sepan de Choquequirao, y que tantos menos hayan estado allí.

Resumidamente, se trata de un resto arqueológico inca suspendido a más de mil metros sobre las aguas del río Apurímac, en una corniza imposible del Apu Corihuayrachina. Los andinos creemos que algunas montañas especiales están habitadas por un espíritu tutelar; a estas montañas conocemos como Apus.

Recordemos que Machu Picchu se ubica también en un acantilado sobre el Urubamba, en un “brazo” del Apu Salkantay que se descuelga hacia la selva del norte cuzqueño. Esto hace que muchos las llamen “ciudades hermanas”. Pero el término occidental de ciudad no se aplica cabalmente a esos emplazamientos inca. En quechua se les dice mas bien “llacta”.

Si Machu Picchu fue construida como un royal retreat (en términos de John Rowe) de la familia real del Inca Pachacútec, los investigadores han postulado que Choquequirao desarrolló el mismo rol una o dos generaciones después; ya sea con el Inca Tupac Yupanqui (hijo de Pachacútec) o el Inca Huayna Cápac, nieto de este.

Además del equipo de trekking usual; botas, carpas, casaca polar, bastones, mochilas y comida, el grupo llevaba consigo un encargo especial; un panel solar que tendrían que instalar sin saber cómo.

Para llegar a la locación tuvieron que superar el Cañón del Apurímac, remontar el Abra Choquequirao, traspasar el Cañon del Yurakmayo y trepar rumbo a Yanama. Fueron tres días de arduo y satisfactorio camino.

Luego de la instalación se dirigieron a la temible Abra Choquetacarpo, la más alta de Vilcabamba (denominación de toda el área entre los ríos Apurímac y Urubamba, aunque también es el nombre del último refugio inca, así como de un poblado de fundación española y adicionalmente el nombre de una cadena de picos nevados o cordillera). El paso estaba nevado y el viento helado punzaba la piel. Sin embargo, un olvidado camino inca de piedra los llevó tranquilamente hasta las alturas del abra. La pendiente artificial tan bien estudiada y planeada por los incas es un verdadero placer para el caminante. A casi 5 mil metros sobre el nivel del mar uno no se cansa de admirar (y agradecer) tremenda obra de ingeniería que facilita la escalada.

A menos de 50kms de distancia hordas de turistas viven el loquerío del Camino Inca Clásico. No nos malinterpreten, la experiencia de arribar a Machu Picchu por el Intipunku (puerta del sol) es única, pero tal vez sea más conmovedor este otro camino inca abandonado en un lugar tan remoto. No había nadie delante ni detrás del breve grupo de caminantes.

¿Estás seguro que es por acá? Le preguntaron al amigo de Huancacalle (el pueblo vecino).

“Claro pues papi, ¿¡cómo no va a ser por este lado!?”

A las 11:30 de la mañana del día siguiente vimos las primeras casas de su comunidad. No se equivocó.

Revisando la filmación uno se llena de emoción riendo con El Chavo del 8, que estrenó la función en las alturas de la remota Cordillera de Vilcabamba.





Panoramica del Abra Yanama

30 06 2011

Entre Choquequirao y Machu Picchu se alza imponente, como una cortina lítica, la Cordillera Vilcabamba.

Es una muralla gigantesca que separa los ríos Apurímac y Urubamba.

*El Apu Pumasillo

*Click en la imagen para verla completa (Pumasillo o “Garra de Puma”)*

Detrás de los picos nevados está Vilcabamba La Vieja, último refugio de los Incas. En camino a Vilcabamba se pasa por Vitcos, sede del palacio de Manco Inca. Ahora existe un centro poblado adyacente a Vitcos; Huancacalle. Desde ahí son 4 días de ardua caminata hasta Vilcabamba.

El camino al extremo derecho de la toma es el que une el cañón del río Blanco, Pincha Unuyoc y Choquequirao hacia el sur con el pueblito de Yanama hacia el norte. Yanama está a los pies de los nevados, oculta en el fondo del valle.

Desde Yanama un camino inca olvidado con rumbo nor-oeste conduce a través del Abra Choquetacarpo a Vitcos (Huancacalle) y Vilcabamba. Desde Yanama, una senda en dirección nor-este lleva a Totora, Colpapampa y Machu Picchu.

Tal vez sea en este el lugar donde el viajero que recorre la ruta Choquequirao-Machu Picchu se siente más abandonado, más expuesto a los cabrichos de la naturaleza. Minutos después de esta foto las nubes oscurecieron el día y la lluvia inundó todo. Los ríos crecieron, los caminos se hicieron resbalosos, las mulas trajinaban y los caminantes vacilaban ansiosos.

Mientras más remoto el lugar, más cerca parece estar uno de sí mismo.

Y si sólo se puede llegar (y salir) caminando, la sensación de extraño desasosiego se torna reveladora.

¿Qué se siente coronar un Apu?

Sé que el Pumasillo es un pico que nadie ha escalado. Cada vez que se recorre esta ruta, el llamado a intentarlo es más fuerte.





PAISAJES PERUANOS

25 02 2011

Por su cercanía a Choquequirao, “El paso del Apurímac” es el capítulo que más nos conmueve. La obra de José de la Riva-Agüero presenta en ese tercer capítulo la más hermosa descripción de esa zona específica de la falla geológica que hoy se conoce como el Cañón de Acobamba.

Riva-Agüero opta por explorar la sierra peruana en un época en que esta permanecía aislada (sólo podía llegarse a Cuzco en mula) y era menospreciada por los círculos que el autor frecuentaba en Lima. Porras señala acertadamente que “(…) la historia está adherida a la tierra y brota de ella un mandato ineludible. Sin aceptar el determinismo fatalista del medio , no cabe dudar de la influencia culminante del medio en la vida primitiva de los pueblos y  en las orientaciones fundamentales de su cultura, como tampoco la reacción del hombre al reto de la naturaleza.”

Esta edición de 1995 tiene un fantástico estudio preliminar de Porras Barrenechea

Ya hemos hecho referencia a nuestra posición contraria al determinismo geográfico, por tanto suscribimos enteramente las palabras del historiador. La sierra peruana tiene una bravura de puma acosado, diría Alegría, y la misma bravura definió la personalidad del hombre andino que la aprovechó sabiamente.

Como Riva-Agüero a principios del siglo XX, el viajero de hoy que se aproxime a pie a esta sección del Cañon del Apurímac, reconocerá súbitamente la ferocidad de una geografía indomable. El paisaje aquí es conmovedor, devastador; hay que ir bien preparados para enfrentar cuestas imposibles y bajadas sin fin. Al fondo siempre el río Apurímac.

Dejemos que Riva-Agüero nos narre su hazaña:

(Extracto libre)

“Apurímac se traduce príncipe sonoro o rey de los ríos y fue adorado por los indígenas entre los mayores dioses. Al norte y a los confines occidentales, se empina la cordillera en violácea gradería, de la que emergen el Soray y el Salcantay embozados en nieves y nubes, y a cuyos pies se guarecen, adivinadas en la lejanía, entre bosques tropicales invisibles, las fortalezas de Choquequirao y Vilcabamba, últimos refugios de los incas proscritos.

 Diríase que descendemos a la cripta de un rey sobrehumano. Aún no oímos la corriente. De pronto, en una revuelta del camino, un fragor indecible nos asorda; y entre obscuros y desmesurados bastiones graníticos y calcáreos, relumbra el Apurímac, a modo de una grande espada curva. En este momento acuden a mi memoria versos de Manuel Adolfo García, que leí en mi niñez. Dicen:

 ‘las juguetonas sirenas del Apurímac’

 ¡Cómo ignoraron y falsearon nuestros románticos la verdadera fisonomía del paisaje peruano! Este foso de piedra profundísimo, en el que hierve el caudal espumante de las aguas, a nadie puede ofrecerle imágenes de juego y de blandura: es un cuadro de salvaje belleza, de exaltación siniestra, sucitador de un sombrío frenesí. El numen de sus orillas era una cruel divinidad que inspiraba furor profético, y a la que erigieron los indios un templo célebre, en la ribera oriental. Profería el oráculo sus sentencias junto al estrépito del río. Su santuario, según Pedro Pizarro, estaba muy pintado, sin duda de bermellón y amarillo naranja como los otros principales del país. Cerca de él, añade Cieza, había un palacio habitado por los incas cuando acudían en peregrinación a consultar al Ídolo, como todavía lo hizo el último Manco. La efigie era un leño grueso y rudo, tinto en la sangre de los sacrificios.

De curso arrebatadísimo el Apurímac es en este sitio impropio para la navegación. Sin campos en sus orillas, sumido en honda concavidad, entre formidables acantilados de piedra, es igualmente inútil para el riego. Ajeno a todo menester prosaico, tiene aquí sólo el desinteresado valor de un espectáculo, la esterilidad fecunda de los seres más nobles: incomparable excitante para la imaginación, aliento para el alma, exhortación de sublime vehemencia, visión significativa y magnífica, heroico entre sus almenas rocas, destrozador de las moles ingentes, vencedor de las más duras breñas. Apurímac; eje de toda nuestra historia, es la gigante voz de la patria, el sacro río de los vaticinios, que naciendo entre riscos saturados de leyendas y recuerdos, corre impaciente a dilatarse en las llanuras amazónicas.

En el seno de la quebrada sofocan el calor y las nubes de mosquitos. No se ve del cielo más que una angosta franja de intenso azul. La corriente, velocísima y lodosa, arrastra ramas y pedruscos; se crispa en unas partes con espumosos remolinos; presenta en otras, placas lívidas y aceradas, centellea más abajo como las mallas de una armadura.

 El puente nuevo, denominado Tablachaca, que sucedió al antiguo colgante de mimbres (descrito por Markham, Squier y Castelnau) fue cortado en la revolución del anteaño. Al extremo opuesto, hay una gran peña a cuya sombra me siento.

 La subida es un molesto sendero. Serpentea en las laderas abruptas, sobre el abismo del río. Duermo en la hacienda, a la madrugada siguiente, subo al pueblo de Curahuasi.”

Son muchos y muy variados los comentarios que podemos hacer a este pasaje. Habiendo ya reconocido y admirado la cualidad artística de la descripción (creemos que no se ha publicado nade mejor en ese respecto) toca ahora hacer unas precisiones.

En cuanto al significado que nuestro autor postula para Apurímac, léase “príncipe sonoro o rey de los ríos”, debemos decir que se trata de una etimología popular carente de sustento fáctico. El término está compuesto por la raíz “rímac” que quiere decir “hablante” o “hablador” y el modificador “apu” que significa mayor o “principal” ambos en quechua. De lo anterior se colige que Apurímac es en realidad “Hablador principal”.

El término ha sido analizado por el eximio linguista Rodolfo Cerrón-Palomino y ya trataremos espicíficamente de ello en otro post. Baste por ahora precisar que la idea “del río que habla” no es propia del mundo andino. “Hablador principal” hace referencia a otra idea; se trata del oráculo mayor cuya sede se ubicaba cerca del río en esta misma zona. Si bien el historiador John Hemming sostiene que dicha sede se ubicaría en Saywite, el antropólogo Marco Curatola ha deslizado la idea que la locación correspondería mas bien al mismísimo Choquequirao. Coincidimos con la última tésis, sobra la que ahondaremos también en otro post.

A la definición de Apurímac como oráculo principal sirven la acotaciones deRiva-Agüero pues identifica la existencia  de una “cruel divinidad que inspiraba furor profético (…) Profería el oráculo sus sentencias junto al estrépito del río.” Además precisa que habría estado pintado de bermellón (es decir, de color rojo) como otros santuarios mayores -se nos viene a la mente Pachacámac-. Acerca del enlucido rojo, podemos adelantar que los más conspicuos estudiosos de Choquequirao ya han determinado que algunos de sus sectores  estaban pintados, precisamente, de rojo. Prometemos investigar el tema y publicar al respecto. Por último, la idea que el inca rebelde de Vilcabamba haya consultado específicamente a este oráculo (“como todavía lo hizo el último Manco”) refuerza nuestra tésis de Choquequirao como sede del Apurímac. Esto es así porque es sabido que la “tierra de guerra” es decir, la zona dominada por Manco Inca y vedada a los españoles se extendía hacia el sur oeste hasta el Apurímac. Por encima del río se ubica Choquequirao y Manco pudo haber accedido a la sede oracular por el camino que une Vitcos (centro político de Vilcabamba durante los primeros años de la gesta) con Pincha Unuyoc y Choquequirao, sin tener que haber abandonado la tierra que permanecía bajo su control. Nada de esto supo Riva-Agüero ya que quien centraría su interés en Vitcos y los incas de Vilcabamba sería Bingham, quien ese mismo año recorría el otro lado de la cordillera, siguiendo el curso del Urubamba.

Es una lástima que Riva-Agüero no se haya animado a recorrer los escasos kilómetros (deben ser a lo más 5) entre el Tablachaca (literalmente, “puente de tabla”) y el Maucachaca (puente antiguo hecho de ichu). Indica que el puente de ichu “fue cortado en la revolución del anteaño” es decir, ya no colgaba más. Sin embargo se hubiera deslumbrado con el túnel inca que conduce al puente y con seguridad  nos habría legado la descripción más bella de su entorno.





La Ruta Choquequirao – Machu Picchu

7 02 2009

Atravesando la Cordillera Vilcabamba

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CHOQUEQUIRAO un "nuevo" clásico

Esenciales:

–  Choquequirao; “Símbolo de la resistencia andina”,  de lectura indispensable                                                                                                                                                                                                                                              EL libro (UNMSM, IFEA, FCPF)

– “La casa da la caída de agua” en Arkinka julio 2003

Excelente articulo sobre la vivienda del Inca en Choque

– Ir en verano costeño, época de lluvias en la sierra (diciembre – marzo) es mucho más complicado, pero dicen que tiene su gracia. No puedo advertir o recomendarlo porque no lo he hecho. Siempre he ido en julio.

– Si van por Cachora, no dejen de contactar a Celestino Peña. Gran conocedor de la ruta y buenísima persona. Un día me llama a Lima y me dice que vaya al terminal de buses a recoger un regalo que me mandaba Ceferina, su esposa. Los mejores chicharrones que he probado hasta ahora son los que prepara doña Cefe… (pionerochoquequirao@hotmail.com)

Villa Los Loros Choquequirao Lodge (083 81 60 52 http://www.choquequiraolodge.com)

– Si van por Huanipaca (poblado a 4  horas y media de Cusco, pasando el desvío a Cachora camino a Abancay) alójense en Villa Los Loros. Cuando yo fui estaba a S/.90 la noche, vale la pena. Pueden acampar si comen en el restaurante. Los dueños son una pareja de italianos visionarios y buena gente (Marco 00 51 84 244552).

Antecedentes:

Habíamos estado en Choque en el 2000. Me acuerdo que subiendo al ushnu pasé por el cartel de madera de fondo azul que con letras blancas indicaba la dirección a “Yanama”. Me parecío muy lejana la posibilidad que algún día caminase  hasta allá y claro, tener que seguir caminando hasta salir al valle del Vilcanota (Urubamba) por atrás de Machu Picchu. Esa vez me asustó la idea de llegar a Yanama y estar a mitad de camino, anticipando mi malestar de no poder regresar por donde vine (si sólo haber llegado a Choque me había agotado!) y presagiando que la continuación del camino necesariamente se pondría más difícil.

Un par de años después hice este viaje (la Ruta Choque-MaPi). Esta vez con A, que sí sabe caminar, pero sin burros y sin guías. En realidad es difícil perder el camino, la trocha está muy marcada. Esto no significa que no se necesite un guía. Un buen guía hace de un buen viaje un viaje espectacular. En teoría se suponía que llegando a Choque podríamos alquilar burros si alguno lo necesitaba. En teoría. Y sí lo necesité. Al menos eso pensé cuando nos dijeron que no habían burros la mañana que salimos de Choque hacia Maizal, camino a Yanama. Ahora sé que tampoco son cruciales, pero si tuviera la oportunidad de volver a caminar esta ruta, alquilaría burros y llevaría un buen guía, tomaría mejores fotos, descansaría más, me bañaría más tiempo en el Yuracmayo (Río Blanco) y en las termales de Colpapampa, conversaría más tiempo con los otros viajeros -locales o no- y llevaría un par de libros sobre Choque que se han publicado últimamente para dejarlos en la escuelita de Yanama, en la de Colpa o a mi amigo Julián Covarrubias de Campamento Santa Rosa. “Choquequirao; símbolo de la resistencia andina” no dejen de revisarlo antes de ir!

* * *

DIA 1 < Tambobamba>  <Choquequirao>

Resumen: Caminamos de 6:30am a 1:30pm. El tramo no es largo, pero sí muy empinado. Fueron 16 kilómetros en total (8 de subida), con un desnivel de 1800 metros aproximadamente. USEN DOBLE MEDIA para cuidar sus pies, que el camino el día siguiente es largo…

6:30am. A 20 minutos de Villa Los Loros, saliendo de Tambobamba hacia la Hacienda San Ignacio donde está el puente que cruza el Apurímac. El camino tiene una ligera pendiente y se deja caminar fácil.

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Desde acá ya se pueden ver las "z" que horas más tarde nos harán sufrir subiendo hacie el campamento del INC en Choquequirao

El edificio de la hacienda se distingue entre el verde de los frutales

En Incidents of Travel and Exploration in the Land of the Incas G.E. Squier anota "Here, where there is a patch of soil, tropical products flourish with more than tropical luxuriance. The water is judiciously distributed over the slope, which looks like a green gem in a setting of dull, amber-colored mountains.

En medio del verde se distingue el edificio de la hacienda. Lo que sorprende es que los alrededores sean laderas absolutamente secas, desérticas. Ahí donde hay espacio, se siembre y cultiva. Los locales nos dicen que crecen piñas,mangos, papayas, chirimoyas…

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Ex hacienda San Ignacio

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San Ignacio

Todavia mantiene algo de su esplendor

A pesar de l tiempo se percibe algo de su antiguo esplendor ¿o no?

Pasamos por lo que parecía haber sido la capilla de San Ignacio. El Apurímac se escucha cada vez más cerca.

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Muy temprano, el sol comienza a quemar; abajo el Apurímac, límite natural con Cusco

El puente San Ignacio a unos 250 metros más abajo. El sol nos quemaría toda la subida. El Apurímac es la frontera natural entre este departamento y  Cusco.

Cruzando el puente colgante

Cruzando el puente colgante San Ignacio

Entramos a Cusco ansiosos por la primera subida.

Este puente es más corto que el que cruza por Chiquisca (camino de Cachora) hacia Campamento Santa Rosa porque en este lugar el cañón se estrecha mostrando todo su esplendor.

Prohibido burros

Prohibido burros

La ruta de Cachora es la más conocida, tal vez porque se permite el traslado de carga en bestias. En cambio por esta,  la ruta Huanipaca-Tambobamba, no se permite subir con burros. La huella es demasiado estrecha y se sabe que hace muchos años viajeros e incluso el arqueólogo que mejor conoce Choque tuvieron problemas con sus bestias por aquí.

Otro inconveniente es que una vez cruzado el Apurímac, no hay más puntos de agua hasta la zona de campamento adyacente a los restos. 2 litros bien utilizados serán más que suficientes.

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Vista desde el lado cusqueño; la hacienda y el refugio COPESCO

Estamos como a 200 metros sobre el Apurímac. Los refugios COPESCO están muy bien ubicados pero ¿cuándo comenzarán a funcionar y quién los manejará?

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A penas se distingue el puente que cruzan quienes viajan por Cachora (casi a la mitad del río)

Las “z” en la ladera derecha es el camino más conocido a Choque, que baja de Chiquisca (habiendo comenzado en Cachora) hacia Playa Rosalina.

Vista del camino

Vista del camino a mitad de la subida. Casi no hay sombra hasta la última sección donde empiezan las escaleras.

Mirando el cañón, nuestra ruta sube por la ladera de la derecha, a Cachora se va por la izquierda.

Mirando el cañón, nuestra ruta sube por la ladera de la derecha, a Cachora se va por la izquierda. Era casi la 1pm, así que toda la ruta nos tomó 6horas y media.

El tiempo entre estas dos fotos lo aprovechamos para almorzar y depués de una siesta reparadora planeamos qué hacer; subir  hacia la otra ladera y ver el mural de las llamas o bajar por la ladera del campamento y ver La Casa de la Caída de Agua.

Decidimos dejar el mural de las llamas del sol para la próxima, Optando por bajar y ver la casa del inca y su catarata.

A frente a La Casa de la Caida de Agua, o la residencia del Inca de Choquequirao.

Frente a La Casa de la Caida de Agua, o la residencia del Inca de Choquequirao.

ARKINKA; revista de arquitectura, diseño y construcción (páginas 82-91, N. 92 de julio de 2003) publicó el artículo más completo que he leído sobre esta construcción, escrito por los expertos Roberto Samanez (arquitecto) y Julinho Zapata (arqueólogo). Su lectura es absolutamente imprescindible para tener una idea cabal de lo que fue y del significado de esta vivienda.

Reconstrucción de la casa de la caida de agua, vivienda del Inca de Choquequirao (tomado de Arkinka pag. 91)

Reconstrucción de la casa de la caída de agua, vivienda del Inca de Choquequirao (tomado de Arkinka pag. 91)

Dicen los autores del artículo: “Como era usual entre los incas, la casa debió pertenecer a un solo Inca Regional, quedando vacía sin otro ocupante después de su muerte. Su mantenimiento y conservación permanente era sin embargo un acto ritual en homenaje a su memoria, que debió cumplirse mientras se mantuvo la presencia de los últimos descedientes del Tawantinsuyo en Choquequirao.”

Literalmente, el Inca se bañaba en agua bendita o divina. Esta bajaba por las laderas luego del deshielo en el Apu Corihuayrachina, que corona la "cuna de oro" o "montaña metálica" que es Choquequirao.

Literalmente, el Inca se bañaba en agua divina. Esta bajaba por las laderas luego del deshielo en el Apu Corihuayrachina, que corona la “cuna de oro” o “montaña metálica” que es Choquequirao.

El viajero no deja de sorprenderse ante la capacidad, la intución y sensibilidad de los arquitectos inca para amalgamar sus construcciones al entorno natural.

Piedra ritual frente a la casa

Piedra ritual frente a la casa

pichanga

Los trabajadores jugando una pichanguita en cancha ganada al cerro entre la casa del Inca y los andenes superiores. ¡Increíble!

9pm; un grupo de limeños vecinos de carpa. No estaban seguros de creer que "por allá" se llegaba a Machu Picchu. Saludos Antonio, Victor, Kike...

9pm; un grupo de limeños vecinos de carpa.

No estaban seguros de creer que “por allá” se llegaba a Machu Picchu.

‘Hasta aquí el primer día de la ruta. Me acuerdo que a penas me eché a descansar, no podía dormir por la ansiedad de lo que sería el camino del día siguente. Pensaba; no puede ser más fácil que el de hoy, sabía que tendríamos que subir al Abra de Choque y luego bajar a unos restos arqueológicos que no conocía, para seguir bajando al río. Hasta allí recién la mitad del recorrido. Faltaba toda la subida a Maizal y el día después tendríamos que – dejé de pensar…