III. La fama del Puente sobre el Apurímac es coextensiva con la del Perú

15 05 2010

G. E. Squier

Más de  Peru: Incidents of travel and Exploration in the Land of the Incas(1877);


El camino al túnel está muy erosionado

“Desde arriba se llega al puente, que parece un simple hilo, por una senda que en uno de los lados traza una línea delgada y blanca en la cara de la montaña y por la cual el viajero más audaz puede vacilar en aventurarse a bajar. Al otro lado la senda desaparece de inmediato detrás de una repisa rocosa, en la que hay espacio justo para la choza del guardían del puente, y atraviesa luego un oscuro túnel (las fotos de este túnel aparecen en un post anterior) cortado en la roca, del que emerge para trazar su línea de muchos empinados y aburridos zigzags (en Curahuasi esta sección es conocida como “Siete Vueltas”) cara arriba de la montaña. Es habitual que el viajero regule su viaje del día para llegar al puente temprano por la mañana, antes de que se presenten los fuertes vientos, pues durante la mayor parte del día barren con gran fuerza el cañón del Apurímac y entonces el puente oscila como una hamaca gigantesca y es casi imposible atravesarlo.

Tres viajeras ingresando al túnel que accedía al Maukachaca

El cruce de este gran puente colgante del Apurímac constituyó un incidente memorable en mis experiencias de viaje. Nunca lo olvidaré (…) La fama del puente sobre el Apurímac es coextensiva con la del Perú y todos aquellos con quienes nos encontramos y que lo habían cruzado estaban llenos de horrorosos recuerdos de su paso: cómo se mecía la frágil estructura a una altura vertiginosa entre gigantescos riscos que se alzaban sobre un negro abismo, colmado con el profundo y ronco bramido del río, y cómo  se nublaban sus ojos, desfallecía su corazón y se volvían inseguros sus pies mientras se esforzaba por cruzarlo, sin atreverse a echar una mirada ni a uno ni a otro lado.

(…) Meciéndose a gran altura en una graciosa curva, entre losprecipicios de ambos lados, con aspecto maravillosamente frágil y sutíl, estaba el famoso Puente del Apurímac.

Medimos cuidadosamente el largo y la altura del puente y comprobamos que tenía 45 metros de longitud, de amarra a amarra, y que en su parte más baja estaba a 35 metros sobre le río. Markham, que lo cruzó en 1855, estimó el largo en 27 metros y la altura en 9 metros.”

Viajeras en el lugar exacto donde el Maukachaca cruzaba el Apurímac (a la derecha de la toma se ve este río y a la izquierda un afluente menor)





I. La fama del puente sobre el Apurímac es coextensiva con la del Perú

10 02 2010

El grabado más famoso de Squier, el Maucachaca (Puente Antiguo) sobre el Apurímac

 

Refiriéndose al reputado historiador J. Hyslop, el arquitecto peruano experto en urbanismo prehispánico, José Canziani ha dicho; “Los puentes asociados al camino inca tuvieron una notable importancia y un equivalente despliegue de recursos técnicos para poder superar los frecuentes cauces de torrentes, ríos y otros osbtáculos que se interponían en el terreno (…) Cuando el camino debía cruzar ríos encajados en profundos cañones, los incas (…) desarrollaron con los puentes colgantes una innvocación tecnológica que se anticipó en algunos siglos al diseño más frecuente en la construcción de los puentes modernos”. [Ciudad y territorio en los andes, José Canziani Amico, pg.506 ]

A pesar de nuestro asombro frente al Queswachaca (que tratamos en un post anterior) es sabido que existió un puente mucho más espectacular cientos de kilómetros aguas abajo del mismo río Apurímac. Se trata del célebre Muacachaca (también llamado “Huacachaca”). El último explorador en cruzarlo (década de 1860) y relatar el suceso fue el estadounidense George. E. Squier. Publicó su estudio con este título;

PERU: Incidents of Travel and Exploration in the Land of the Incas

(Tomado de la versión castellana, Un viaje por tierras incaicas; crónica de una expedición arqueológica)

[extracto libre]

Hay profundos valles, gargantas y hondonadas entre estas montañas en las que fluyen ríos crecidos o rápidos torrentes, alimentados por las nieves que se derriten en la estación seca o hinchados por las lluvias en la estación lluviosa. A menudo son invadeables, pero a pesar de ello deben ser cruzados por el vajero de alguna manera (…) por regla general los ríos y torrentes de las montañas son atravesados hoy en día con la ayuda de los mismos artificios a que recurrieron los incas y en los puntos que ellos escogieron. Si el principio del arco hubiera sido complendido bien por los antiguos habitantes(1) (…) no hay duda de que en el interior del Perú hubieran abandado puentes que habrían rivalizado con los de Roma por su belleza y extensión. Dadas las cosas, puesto que ocupaban un país desprovisto de madera de construcción, recurrieron a los puents colgantes, sin duda exactamente iguales a los construidos actualmente por sus descendientes y sucesores: puentes hechos con cables de juncos trenzados, extendidos de orilla a orilla, y llamados puentes de mimbres (…) Sobre estas frágiles y oscilantes estructuras pasan hombre y animales, estos últimos frecuentemente con su carga completa sobre sus lomos.

(…) Algunas de las estructuras más grandes son mantenidas por el gobierno y todos los pasajeros  y mercaderías pagan un pontazgo fijo. Este es el caso del gran puente sobre el Apurímac, en la ruta principal desde la antigua Guamanga (hoy Ayacucho) hasta el Cuzco.

El Apurímac es un río grande y rápido, que fluye en un profundo valle, mas bien una gigantesca hondonada, encerrada por altas y escarpadas montañas. En toda su longitud sólo es atravesado en un punto, entre dos enormes riscos, que se elevan vertiginosamente a ambos lados y desde cuyas cimas el viajero mira hacia un oscuro torbellino. En el fondo brilla una blanca línea de agua, desde la cual se eleva dificultosamente un bramido sordo pero fuerte, que da al río su nombre Apu-rimac, que en quechua significa “el gran hablante”.(2)

El relato de Squier es estupendo. La idea de cruzar el río en aquél entonces es nada menos que pavorosa. Aunque corrige las mediciones de viajeros que lo precedieron, como las del inglés Markham, creemos que se equivoca en algunos temas (que se han destacado en números azules y analizaremos en el siguiente post).