La serpiente de oro

20 01 2011

Esta es la obra de Alegría que podría releer toda la vida (junto con algunas otras, por supuesto).

Hermosa cubierta, lamentablemente la edición tiene demasiados errores.

Sin embargo, no podemos dejar de llamar la atención respecto de los muchos errores de la editorial Planeta en su edición del 2007. El diseño de la cubierta es muy lindo; muestra una selva recorrida por el río y la serpiente en una especie de adn de doble hebra hayado en la naturaleza. Se trata de una suerte de amenaza, el lector percibe la advertencia desde el inicio; esta no es una historia con necesario final feliz. Don Oswaldo, uno de los personajes, hará caso omiso a las repetidas advertencias del viejo Matías y los cholos de Calemar y terminará atrapado ahí en eso río, en esa serpiente.

En cuanto a los errores;

1. Contracubierta

Aquí se rescata nada menos que la frase inicial del relato, pero equivocadamente: “Por donde el Marañón rompe las cordilleras en un voluntarioso afán de avance, la sierra peruana tiene una bravura de puma acostado.” ¿Qué tan bravo puede ser un puma acostado?

Contracubierta: el error más notorio de los muchos en esta edición. Don Ciro Alegría merece respeto.

En realidad debería decir un “puma ACOSADO“, tal como se consigna en la página 7 de la novela.

¿Cómo es posible que a los correctores (si es que los hubo) se les haya pasado tremendo desacierto?

2. Página 23 dice: “en sus ojos verdes llueve con sol yes ardilosa… “. Debe decir: “en sus ojos verdes llueve con el sol y es ardilosa…”

3. Página 53 dice : “No enconrró”. Debe decir: “No encontró“.

4. Página 74 dice: “El Arruro”. Debe decir: “El Arturo“.

5. Página 86 dice: “don Marías”. Debe decir: “don Matías“.

6. Página 97 dice: “cualquiera le echa cirtcuenta años”. Debe decir: “cualquiera le echa cincuenta años”.

7. Página 118 dice: “por e! el callejón”. Debe decir: “por el callejón”.

8. Página 167 dice: “Cómo el agua de río”. Debe decir: “como el agua de río”.

Dice “Cuandó” debe decir “cuando“.

Como ven, son faltas casi todas ortográficas pero la cantidad de ellas (seguro no hemos consignado todas) traba la lectura, rompe el ritmo, engaña la atención, fastidia el gozo, quiebra la verosimilitud literaria, anula el mundo recreado por el autor. En suma, son un crimen editorial y un desmedro del arte alegriano.

A pesar de todo, La serpiente de oro  está plagada de frases bellísimas (atribuibles únicamente a su autor y no a la editorial) que aún descontextualizadas en citas independientes no pierden nada de su fuerza original. A título reivindicativo presentamos las siguientes:

i. “El hombre es igual al Río, profundo y con sus reveses pero voluntarioso siempre.”

ii. “Por donde el Marañón rompe las cordilleras en un voluntarioso afán de avance, la sierra peruana tiene una bravura de puma acosado. Con ella en torno, no es cosa de estar al descuido.”

iii. “Descender, descender. Todo va hacia el fondo de la encañada. La quebrada y el camino, los hombres y los animales van hacia abajo, a encontrar el Marañón, a dar a él mismo. Horas y horas. La Lucinda siente el descenso como un rendimiento, como una voluptuosa caída. Súbitamente, un rumor hondo e interminable”.

iv. “La vida, como el río, tiene siempre recodos y pasos difíciles.”

v. “-¿Es la muerte?

No, no es tal. Es un mar formado de noche.

Es la selva.

Una faja blanquecina se apaga entre la vasta noche diurna y se puede pensar apenas que es un río.

Y entre las cordilleras, entre esos cerros, una gran faja blanca en lo profundo, reptando como una gran serpiente por sus bases para guiarlos en la atropellada marcha. Es el Marañón, el río grande como los Andes y como la selva. Algunas faldas abultadas lo ocultan, pero siempre dejan adivinarlo, pues la faja asoma una y otra vez desenvolviéndose en amplias curvas hasta perderse tras el Cajamarquilla, haciendo afirmar rotundamente que no termina allí sino que se prolongará hasta que sea su propia voluntad el acabarse.

‘Ande, selva y río son cosas duras, señor’

-Eternas”

vi. “Salir de allí no es cosa de los hombres.

Es cosas de Dios.

¡Si creciera el río!

Dios es el río mismo.”

vii. “Solamente los hombres de esos valles, los cristianos del Marañón, sabemos y podemos comprender el rudo y trágico mensaje de unos cuantos maderos reunidos que van a la deriva, en una perdida balsa solitaria.”

viii. “La Serpiente de Oro, porque el río, visto desde arriba, parece una gran serpiente Ö ¡y cómo es tan rico!”

ix. “¡Aquí la naturaleza es el destino!”

x. “Me contó un señor que en tiempos antiguos los peruanos adoraban como a meros dioses al río también y también a la serpiente. Y yo digo que tal vez fue porque la diferencia es poca y al no saber cuál era más ni menos, verán que para los dos tuvieron adoración.”

xi. “Río Marañón, déjame pasar;

eres duro y fuerte,

no tienes perdón.

Río Marañón, tengo que pasar:

Tú tienes tus aguas,

yo mi corazón”





Los ríos profundos

6 06 2009

José María Arguedas

Por una feliz casualidad del destino a Jose María y a Ciro los hermana algo más que la literatura. Ambos pasaron sus primeros años al borde de los inmensos cañones  que moldearon sus obras; el del Apurímac y el del Marañón.  Muchos extranjeros leen Deep Rivers antes o durante su viaje al Perú. De esta manera obtienen una visión más íntima del cañón del Urubamba y se alistan para la experiencia de Machu Picchu. El día que Kuélap sea más famosa, La serpiente de oro estará en boca de todos. No dejen de leerlas.

Ernesto, un niño de 14 recuenta los viajes que hace con su papá por la sierra de Cuzco y Apurímac;

Rios Profundos

Rios Profundos

En la tarde llegamos a la cima de las cordilleras que cercan al Apurímac. “Dios que habla” significa el nombre de este río.

El forastero lo descubre casi de repente, teniendo ante sus ojos una cadena sin fin de montañas negras  y nevados, que se alternan. El sonido del Apurímac alcanza las cumbres, difusamente, desde el abismo, como un rumor del espacio.

El río corre entre bosques negruzcos y mantos de cañaverales que sólo crecen en las tierras quemantes. Los cañaverales reptan las escarpadas laderas o aparecen suspendidos en los precipicios. El aire transparente de la altura va tornándose denso hacia el fondo del valle.

El viajero entra a la quebrada bruscamente. La voz del río y la hondura del abismo polvoriento, el juego de la nieve lejana y las rocas que brillan como espejos, despiertan en su memoria los primitivos recuerdos, lo más antiguos sueños.

rprofundos

El viajero lo sabe

A medida que baja al fondo del valle, el recién llegado se siente tranparente, como un cristal en que el mundo vibrara. Insectos zumbadores aparecen en la región cálida; nubes de mosquitos venenosos se clavan en el rostro. El viajero oriundo de las tierras frías se acerca al río, aturdido, febril, con las venas hinchadas. La voz del río aumenta; no ensordece, exalta. A  los niños los cautiva, les infunde presentimientos de mundos desconocidos. Los penachos de los bosques de carrizo se agitan junto al río. La corriente marcha como a paso de caballos, de grandes caballos cerriles.(…)