Los ríos profundos

6 06 2009

José María Arguedas

Por una feliz casualidad del destino a Jose María y a Ciro los hermana algo más que la literatura. Ambos pasaron sus primeros años al borde de los inmensos cañones  que moldearon sus obras; el del Apurímac y el del Marañón.  Muchos extranjeros leen Deep Rivers antes o durante su viaje al Perú. De esta manera obtienen una visión más íntima del cañón del Urubamba y se alistan para la experiencia de Machu Picchu. El día que Kuélap sea más famosa, La serpiente de oro estará en boca de todos. No dejen de leerlas.

Ernesto, un niño de 14 recuenta los viajes que hace con su papá por la sierra de Cuzco y Apurímac;

Rios Profundos

Rios Profundos

En la tarde llegamos a la cima de las cordilleras que cercan al Apurímac. “Dios que habla” significa el nombre de este río.

El forastero lo descubre casi de repente, teniendo ante sus ojos una cadena sin fin de montañas negras  y nevados, que se alternan. El sonido del Apurímac alcanza las cumbres, difusamente, desde el abismo, como un rumor del espacio.

El río corre entre bosques negruzcos y mantos de cañaverales que sólo crecen en las tierras quemantes. Los cañaverales reptan las escarpadas laderas o aparecen suspendidos en los precipicios. El aire transparente de la altura va tornándose denso hacia el fondo del valle.

El viajero entra a la quebrada bruscamente. La voz del río y la hondura del abismo polvoriento, el juego de la nieve lejana y las rocas que brillan como espejos, despiertan en su memoria los primitivos recuerdos, lo más antiguos sueños.

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El viajero lo sabe

A medida que baja al fondo del valle, el recién llegado se siente tranparente, como un cristal en que el mundo vibrara. Insectos zumbadores aparecen en la región cálida; nubes de mosquitos venenosos se clavan en el rostro. El viajero oriundo de las tierras frías se acerca al río, aturdido, febril, con las venas hinchadas. La voz del río aumenta; no ensordece, exalta. A  los niños los cautiva, les infunde presentimientos de mundos desconocidos. Los penachos de los bosques de carrizo se agitan junto al río. La corriente marcha como a paso de caballos, de grandes caballos cerriles.(…)