PAISAJES PERUANOS

25 02 2011

Por su cercanía a Choquequirao, “El paso del Apurímac” es el capítulo que más nos conmueve. La obra de José de la Riva-Agüero presenta en ese tercer capítulo la más hermosa descripción de esa zona específica de la falla geológica que hoy se conoce como el Cañón de Acobamba.

Riva-Agüero opta por explorar la sierra peruana en un época en que esta permanecía aislada (sólo podía llegarse a Cuzco en mula) y era menospreciada por los círculos que el autor frecuentaba en Lima. Porras señala acertadamente que “(…) la historia está adherida a la tierra y brota de ella un mandato ineludible. Sin aceptar el determinismo fatalista del medio , no cabe dudar de la influencia culminante del medio en la vida primitiva de los pueblos y  en las orientaciones fundamentales de su cultura, como tampoco la reacción del hombre al reto de la naturaleza.”

Esta edición de 1995 tiene un fantástico estudio preliminar de Porras Barrenechea

Ya hemos hecho referencia a nuestra posición contraria al determinismo geográfico, por tanto suscribimos enteramente las palabras del historiador. La sierra peruana tiene una bravura de puma acosado, diría Alegría, y la misma bravura definió la personalidad del hombre andino que la aprovechó sabiamente.

Como Riva-Agüero a principios del siglo XX, el viajero de hoy que se aproxime a pie a esta sección del Cañon del Apurímac, reconocerá súbitamente la ferocidad de una geografía indomable. El paisaje aquí es conmovedor, devastador; hay que ir bien preparados para enfrentar cuestas imposibles y bajadas sin fin. Al fondo siempre el río Apurímac.

Dejemos que Riva-Agüero nos narre su hazaña:

(Extracto libre)

“Apurímac se traduce príncipe sonoro o rey de los ríos y fue adorado por los indígenas entre los mayores dioses. Al norte y a los confines occidentales, se empina la cordillera en violácea gradería, de la que emergen el Soray y el Salcantay embozados en nieves y nubes, y a cuyos pies se guarecen, adivinadas en la lejanía, entre bosques tropicales invisibles, las fortalezas de Choquequirao y Vilcabamba, últimos refugios de los incas proscritos.

 Diríase que descendemos a la cripta de un rey sobrehumano. Aún no oímos la corriente. De pronto, en una revuelta del camino, un fragor indecible nos asorda; y entre obscuros y desmesurados bastiones graníticos y calcáreos, relumbra el Apurímac, a modo de una grande espada curva. En este momento acuden a mi memoria versos de Manuel Adolfo García, que leí en mi niñez. Dicen:

 ‘las juguetonas sirenas del Apurímac’

 ¡Cómo ignoraron y falsearon nuestros románticos la verdadera fisonomía del paisaje peruano! Este foso de piedra profundísimo, en el que hierve el caudal espumante de las aguas, a nadie puede ofrecerle imágenes de juego y de blandura: es un cuadro de salvaje belleza, de exaltación siniestra, sucitador de un sombrío frenesí. El numen de sus orillas era una cruel divinidad que inspiraba furor profético, y a la que erigieron los indios un templo célebre, en la ribera oriental. Profería el oráculo sus sentencias junto al estrépito del río. Su santuario, según Pedro Pizarro, estaba muy pintado, sin duda de bermellón y amarillo naranja como los otros principales del país. Cerca de él, añade Cieza, había un palacio habitado por los incas cuando acudían en peregrinación a consultar al Ídolo, como todavía lo hizo el último Manco. La efigie era un leño grueso y rudo, tinto en la sangre de los sacrificios.

De curso arrebatadísimo el Apurímac es en este sitio impropio para la navegación. Sin campos en sus orillas, sumido en honda concavidad, entre formidables acantilados de piedra, es igualmente inútil para el riego. Ajeno a todo menester prosaico, tiene aquí sólo el desinteresado valor de un espectáculo, la esterilidad fecunda de los seres más nobles: incomparable excitante para la imaginación, aliento para el alma, exhortación de sublime vehemencia, visión significativa y magnífica, heroico entre sus almenas rocas, destrozador de las moles ingentes, vencedor de las más duras breñas. Apurímac; eje de toda nuestra historia, es la gigante voz de la patria, el sacro río de los vaticinios, que naciendo entre riscos saturados de leyendas y recuerdos, corre impaciente a dilatarse en las llanuras amazónicas.

En el seno de la quebrada sofocan el calor y las nubes de mosquitos. No se ve del cielo más que una angosta franja de intenso azul. La corriente, velocísima y lodosa, arrastra ramas y pedruscos; se crispa en unas partes con espumosos remolinos; presenta en otras, placas lívidas y aceradas, centellea más abajo como las mallas de una armadura.

 El puente nuevo, denominado Tablachaca, que sucedió al antiguo colgante de mimbres (descrito por Markham, Squier y Castelnau) fue cortado en la revolución del anteaño. Al extremo opuesto, hay una gran peña a cuya sombra me siento.

 La subida es un molesto sendero. Serpentea en las laderas abruptas, sobre el abismo del río. Duermo en la hacienda, a la madrugada siguiente, subo al pueblo de Curahuasi.”

Son muchos y muy variados los comentarios que podemos hacer a este pasaje. Habiendo ya reconocido y admirado la cualidad artística de la descripción (creemos que no se ha publicado nade mejor en ese respecto) toca ahora hacer unas precisiones.

En cuanto al significado que nuestro autor postula para Apurímac, léase “príncipe sonoro o rey de los ríos”, debemos decir que se trata de una etimología popular carente de sustento fáctico. El término está compuesto por la raíz “rímac” que quiere decir “hablante” o “hablador” y el modificador “apu” que significa mayor o “principal” ambos en quechua. De lo anterior se colige que Apurímac es en realidad “Hablador principal”.

El término ha sido analizado por el eximio linguista Rodolfo Cerrón-Palomino y ya trataremos espicíficamente de ello en otro post. Baste por ahora precisar que la idea “del río que habla” no es propia del mundo andino. “Hablador principal” hace referencia a otra idea; se trata del oráculo mayor cuya sede se ubicaba cerca del río en esta misma zona. Si bien el historiador John Hemming sostiene que dicha sede se ubicaría en Saywite, el antropólogo Marco Curatola ha deslizado la idea que la locación correspondería mas bien al mismísimo Choquequirao. Coincidimos con la última tésis, sobra la que ahondaremos también en otro post.

A la definición de Apurímac como oráculo principal sirven la acotaciones deRiva-Agüero pues identifica la existencia  de una “cruel divinidad que inspiraba furor profético (…) Profería el oráculo sus sentencias junto al estrépito del río.” Además precisa que habría estado pintado de bermellón (es decir, de color rojo) como otros santuarios mayores -se nos viene a la mente Pachacámac-. Acerca del enlucido rojo, podemos adelantar que los más conspicuos estudiosos de Choquequirao ya han determinado que algunos de sus sectores  estaban pintados, precisamente, de rojo. Prometemos investigar el tema y publicar al respecto. Por último, la idea que el inca rebelde de Vilcabamba haya consultado específicamente a este oráculo (“como todavía lo hizo el último Manco”) refuerza nuestra tésis de Choquequirao como sede del Apurímac. Esto es así porque es sabido que la “tierra de guerra” es decir, la zona dominada por Manco Inca y vedada a los españoles se extendía hacia el sur oeste hasta el Apurímac. Por encima del río se ubica Choquequirao y Manco pudo haber accedido a la sede oracular por el camino que une Vitcos (centro político de Vilcabamba durante los primeros años de la gesta) con Pincha Unuyoc y Choquequirao, sin tener que haber abandonado la tierra que permanecía bajo su control. Nada de esto supo Riva-Agüero ya que quien centraría su interés en Vitcos y los incas de Vilcabamba sería Bingham, quien ese mismo año recorría el otro lado de la cordillera, siguiendo el curso del Urubamba.

Es una lástima que Riva-Agüero no se haya animado a recorrer los escasos kilómetros (deben ser a lo más 5) entre el Tablachaca (literalmente, “puente de tabla”) y el Maucachaca (puente antiguo hecho de ichu). Indica que el puente de ichu “fue cortado en la revolución del anteaño” es decir, ya no colgaba más. Sin embargo se hubiera deslumbrado con el túnel inca que conduce al puente y con seguridad  nos habría legado la descripción más bella de su entorno.





Pincha Unuyoc: el agua entre Choquequirao y Machu Picchu

28 07 2010

La cultura de preservación del agua que hoy intentamos instaurar

dista mucho de la noción del agua como elemento ritual en el

mundo andino

Vista desde el "spa"

PERU; país de las maravillas

(In the Wonderland of Peru*)

El Perú tiene la naturaleza de un Lovemark; un país de ensueño, misterioso, que repleta los sentidos y despierta una conexión íntima en el viajero que se dispone a conocerlo de verdad.

Los 100 años desde la llegada de Bingham a Machu Picchu se cumplen dentro de muy poco y hasta ahora es tema de discusión la función de este enigmático lugar. ¿Qué era Machu Picchu?

De Sartiges dio a conocer Choquequirao 67 años antes que Machu Picchu apareciera en las primeras planas y hoy sabemos inclusive menos de esta otra maravilla. ¿Qué era Choquequirao?

El Perú es un camino, afirmó Antonello Gerbi. Podríamos agregar que es un camino misterioso y nuestro deber y placer es recorrerlo.

Andén de acceso a Pincha Unuyoc

Hermanas sagradas

Choquequirao y Machu Picchu; una noción muy difundida las llama “Hermanas Sagradas”. Así les dicen pues comparten locaciones espectaculares muy por encima de ríos tan profundos como sagrados. El Apurímac rompe la cordillera en un voluntarioso afán de avance(1) a los pies de Choquequirao y es el afluente más remoto del Amazonas; el río más grande del mundo. El Urubamba arrastra peñones muy por debajo de Machu Picchu y se une al Apurímac para formar el Ucayali, al norte del Cusco, que también aporta sus aguas al Amazonas. Machu Picchu y Choquequirao están enclavadas en las faldas de Apus cuyas nieves derretidas saciaron la sed de sus antiguos habitantes. El agua es aquí un elemento vital, mágico y religioso y las bellísimas fuentes que adornan y sirven las llactas así lo demuestran.

En Choquequirao La Casa de la Caída de Agua o La Casa del Inca Provincial  tiene como ante sala una fuente ritual. Las aguas de esta fuente provienen de la quebrada de Chunchumayo, la misma que desciende desde la nívea cumbre del Corihuayrachina “Donde se ventea el oro“. El Inca entonces tenía el privilegio de gozar del agua que el  Apu le proveía de sus alturas. Como si fuera poco, el agua que terminaba de fluir por las fuentes de la Casa se apresura hacia las profundidades del cañón y da al Apurímac. “Apu-rímac”, es decir Principal Hablador(2); se trataría entonces de la sede de uno de los más importantes oráculos andinos(3). Hablar o sea decir o predecir. Al otro lado de la sobrecogedora garganta de roca, frente a Choquequirao, una hermosa catarata deja caer a tumbos sus aguas cristalinas. De este lado, el canal que une los sectores Urin (bajo) y Hanan (alto) parece querer imitarla en menor dimensión, a escala humana. Heráclito notó que “A la naturaleza le gusta esconderse”; los incas construyeron obras que se mimetizan en su entorno, que se esconden en y como la naturaleza  y así lograron comprenderla.

Catarata frente a Choquequirao

Canal de agua principal en Choquequirao

En Machu Picchu las fuentes rituales son muy numerosas y se sirven del majestuoso Salkantay . El agua como elemento indispensable para la vida encuentra aquí el más hermoso agradecimiento por parte del hombre, quien se sirve de ella. El agua es “mimada” en Machu Picchu y en todo el recorrido del famoso Camino Inca que conduce a la llacta. No es casualidad que el número de fuentes vaya en aumento; son menos en Patallacta, muchas más en Wiñay Wayna hasta llegar a Machu Picchu. En palabras del experimentado R. Frost, el camino es una ruta de purificación que encuentra su clímax llegando a la “ciudad perdida”. La geografía sacra alrededor de Machu Picchu no puede ignorarse; rodeada en tres de sus cuatro lados por el río sagrado de los incas, el Urubamba (a esta altura llamado también Vilcanota) parece una isla en medio de la Cordillera. Por el sur en cambio, Machu Picchu es resguardada por su Apu tutelar, el mágico “Salvaje”, “Indómito” que eso es salkantay en quechua. La geografía sagrada de los Andes es la tésis central  del Dr. Johan Reinhard. Fue este experto montañista quien acompañara  al experimentado escalador arequipeño Miguel “Miki” Zárate,   descubridor de la famosa Dama de Ampato o “Momia Juanita”. “Johan” = “Juan” = “Juanita”.

Choquequirao y Machu Picchu dominan vistas sobrecogedoras y como dijo un experto “sus arquitecturas – a diferencia de las estructuras modernas que están impuestas sobre la tierra- parecen aflorar de ella como una roca sagrada, como una huanca o más bien como una flor de kantu, como parte de la naturaleza misma”.

Choquequirao no es un segundo Machu Picchu

El viajero se preguntará ¿qué separa a Choquequirao de Machu Picchu?

Desde una perspectiva histórica, las separan una o dos generaciones; recordemos que es un hecho histórico que Machu Picchu se hizo durante el gobierno de Pachacútec y aún se discute si fue su hijo Túpac Yupanqui o bien su nieto Huayna Cápac quien ordenó construir Choquequirao.

Desde el punto de vista geográfico las separan Los ríos profundos de Arguedas, gigantescas quebradas que le roban el último aliento al caminante sólo para devolvérselo mientras levanta una apacheta en honor a las cumbres que las coronan. Son 100 largos, diríamos inmortalizantes kilómetros que deben recorrerse a pie para unir estas maravillas. Es imposible  salir indemne de este viaje(4). La geografía trastoca,  conmueve, humaniza…peruaniza. Las moles nevadas que deben rodearse por sus pases más benévolos despiertan en el viajero sensaciones contradictorias; por un lado lo doblegan de humildad y al mismo tiempo lo sublevan al repletarlo de orgullo por el pasado de esta tierra y de los hombres -sus ancestros- que sabiamente la habitaron.

En la etapa final del recorrido, 6 días a pie detrás de Choquequirao y a un día de camino de Machu Picchu está el poblado de Colpapampa. La carretera que parte de Santa Teresa (camino a convertirse en un segundo Aguas Calientes o “tourist trap”) termina justo donde estaban los  baños termales -destruídos por la trocha- que más de una vez disfrutamos. Le llaman progreso. Machu Picchu y su entorno son auténticas  joyas que los peruanos debemos aprender a apreciar y cuidar. Sin embargo, el avance desorganizado del falso desarrollo hará de un lugar soñado otro lugar arruinado.

Relajo andino en una locación remota

 

En cambio, en la parte inicial del recorrido, a un día de camino hacia el nor este de Choquequirao se mantienen intactas las estructuras de Pincha Unuyoc. ¿Qué era este lugar?

Etimológicamente, el término podría ser interpretado como “Lugar donde brilla el agua”. Pinchiy quiere decir relucir o brillar, unu es agua y el sufijo  yoq señala “con” o “lugar donde”.

Viajera en el "spa"; agua fría y cristalina, una sensación de relajo y logro

“Es un spa andino” ha señalado el renombrado arquitecto y explorador Vincent R. Lee. Resulta increíble que estudiosos extranjeros hayan publicado más literatura ciéntifica respecto de Choquequirao y su entorno que los expertos peruanos. ¿Cómo valorar lo que tenemos si no sabemos que existe? Muchos arqueólogos del Cusco han escrito obras extraordinarias pero su difusión es demasiado limitada. El INC, Promperú y el Ejecutivo a través del Ministerio de Comercio Exterior y Turismo están obligados a difundir estas obras en formatos accesibles de alta calidad, en quechua como en castellano. Dado que esto último no sucede, los expertos deben aprovechar las tecnologías de la información y publicar masiva (y gratuitamente) en internet. Esta es una obligación tanto moral como científica.

Pincha Unuyoc y los trabajos arqueológicos hace unos años

Lee señala que “el camino conducente a Pincha Unuyoc trepa  hacia el oeste de Choquequirao, penetrando el bosque por encima de barrancos que se precipitan 2000 metros hacia el Apurímac. En medio de la floresta y aprovechando el único curso de agua aparecen parte de las edificaciones. En realidad son mucho mayor de lo que aparentan, comprenden 52 niveles (…) El agua se distribuía através de un canal vertical proveniente de una cueva hacia cuatro canales horizontales. El área irrigada mide más de una hectárea”(5).

Pincha Unuyoc: Lugar donde brilla el agua

Imponentes portadas de doble jamba le indican al viajero que está frente a un recinto de categoría.

Doble jamba; el enlucido bermellón debió hacerlo ver más impresionante

Pincha Unuyoc fue sin duda una locación restringida de privilegio y los nichos de doble jamba al interior de esta construcción son una prueba adicional de lo que afirmamos.

Nichos de doble jamba al interior del recinto

Lo mismo sucede con el gran nicho trapezoidal, también de doble jamba y del tamaño de un hombre ubicado en los niveles inferiores. Habiendo consultado con los reconocidos doctores Paz y Samanez**, Lee no ha demorado en indicar que la impresión que se tiene es la de un spa de relajación de alto estatus rodeado de lo que pudo haber sido un jardín vertical de plantas exóticas u ornamentales.

¡Que refinamiento! Y todo esto a más de 3 días de camino de Cachora o de Huanipaca (los accesos más conocidos a Choquequirao).

Expedición a Pincha Unuyoc

Estos remotos restos arqueológicos esperan ansiosos sólo al viajero más aventurero y físicamente preparado. Llegar hasta Choquequirao es una Odisea para la inmensa mayoría de los pocos que se atreven a retar los desniveles del Cañón del Apurímac. Ir más allá es impensable para casi todos.

Pincha Unuyoc está a 4 horas de arduo camino hacia el oeste de Choque; hay que subir y bajar. “Ahí no más” como dice Chocano.

Si bien el camino más marcado es el que sube detrás de las grandes andenerías de Choquequirao, preferimos trepar al abra que conduce a Pincha Unuyoc siguiendo el pequeño camino que bordea el canal de agua ubicado encima del sector Alto (Hanan) de la llacta.

Desde el abra se aprecia una vista alucinante del valle de Huanipaca y en primer plano el ushnu de Choquequirao. La vista es solo superada por la del cañón del Río Blanco o Yuracmayo que fluye hacia el Apurímac.

Una vez en Pincha Unuyoc el viajero podrá relajarse en medio de la más inhóspita cordillera; hacia el norte y a unos 700 metros por encima del nivel del río está Maizal, en camino a las Minas Victoria y Yanama, en dirección a Machu Picchu. Pase la noche en Pincha Unuyoc e imagine el mundo Inca reviviendo su devoción por el agua. Tome muchas fotos y no deje huella alguna de su visita. Al día siguiente continúe a Machu Picchu o retorne a Choquequirao. Recoja la basura que encuentre y llévela consigo hasta el pueblo más cercano.

Sabrá entonces que todo hombre es un descubridor.

Cuéntenos aquí la historia de su expedición.

Colpapampa: los baños termales antes de la carretera

Colpapampa se moderniza: la trocha que borró los baños. Dicen que serán reconstruidos.

* Título del artículo de H. Bingham en National Geographic Magazine de 1913

** “No se ha hallado evidencia arqueológica contundente (que compruebe que sea un spa)” comunicación personal, Arq. Samanez

(1) Ciro Alegría; La serpiente de oro

(2) Rodolfo Cerrón-Palomino; Onomástica Andina

(3) Marco Curatola; Los oráculos en el mundo andino

(4) Lorenzo Silva; Viajes escritos y escritos viajeros

(5) Vincent Lee; Inca Choqek’iraw





I. La fama del puente sobre el Apurímac es coextensiva con la del Perú

10 02 2010

El grabado más famoso de Squier, el Maucachaca (Puente Antiguo) sobre el Apurímac

 

Refiriéndose al reputado historiador J. Hyslop, el arquitecto peruano experto en urbanismo prehispánico, José Canziani ha dicho; “Los puentes asociados al camino inca tuvieron una notable importancia y un equivalente despliegue de recursos técnicos para poder superar los frecuentes cauces de torrentes, ríos y otros osbtáculos que se interponían en el terreno (…) Cuando el camino debía cruzar ríos encajados en profundos cañones, los incas (…) desarrollaron con los puentes colgantes una innvocación tecnológica que se anticipó en algunos siglos al diseño más frecuente en la construcción de los puentes modernos”. [Ciudad y territorio en los andes, José Canziani Amico, pg.506 ]

A pesar de nuestro asombro frente al Queswachaca (que tratamos en un post anterior) es sabido que existió un puente mucho más espectacular cientos de kilómetros aguas abajo del mismo río Apurímac. Se trata del célebre Muacachaca (también llamado “Huacachaca”). El último explorador en cruzarlo (década de 1860) y relatar el suceso fue el estadounidense George. E. Squier. Publicó su estudio con este título;

PERU: Incidents of Travel and Exploration in the Land of the Incas

(Tomado de la versión castellana, Un viaje por tierras incaicas; crónica de una expedición arqueológica)

[extracto libre]

Hay profundos valles, gargantas y hondonadas entre estas montañas en las que fluyen ríos crecidos o rápidos torrentes, alimentados por las nieves que se derriten en la estación seca o hinchados por las lluvias en la estación lluviosa. A menudo son invadeables, pero a pesar de ello deben ser cruzados por el vajero de alguna manera (…) por regla general los ríos y torrentes de las montañas son atravesados hoy en día con la ayuda de los mismos artificios a que recurrieron los incas y en los puntos que ellos escogieron. Si el principio del arco hubiera sido complendido bien por los antiguos habitantes(1) (…) no hay duda de que en el interior del Perú hubieran abandado puentes que habrían rivalizado con los de Roma por su belleza y extensión. Dadas las cosas, puesto que ocupaban un país desprovisto de madera de construcción, recurrieron a los puents colgantes, sin duda exactamente iguales a los construidos actualmente por sus descendientes y sucesores: puentes hechos con cables de juncos trenzados, extendidos de orilla a orilla, y llamados puentes de mimbres (…) Sobre estas frágiles y oscilantes estructuras pasan hombre y animales, estos últimos frecuentemente con su carga completa sobre sus lomos.

(…) Algunas de las estructuras más grandes son mantenidas por el gobierno y todos los pasajeros  y mercaderías pagan un pontazgo fijo. Este es el caso del gran puente sobre el Apurímac, en la ruta principal desde la antigua Guamanga (hoy Ayacucho) hasta el Cuzco.

El Apurímac es un río grande y rápido, que fluye en un profundo valle, mas bien una gigantesca hondonada, encerrada por altas y escarpadas montañas. En toda su longitud sólo es atravesado en un punto, entre dos enormes riscos, que se elevan vertiginosamente a ambos lados y desde cuyas cimas el viajero mira hacia un oscuro torbellino. En el fondo brilla una blanca línea de agua, desde la cual se eleva dificultosamente un bramido sordo pero fuerte, que da al río su nombre Apu-rimac, que en quechua significa “el gran hablante”.(2)

El relato de Squier es estupendo. La idea de cruzar el río en aquél entonces es nada menos que pavorosa. Aunque corrige las mediciones de viajeros que lo precedieron, como las del inglés Markham, creemos que se equivoca en algunos temas (que se han destacado en números azules y analizaremos en el siguiente post).





Los ríos profundos

6 06 2009

José María Arguedas

Por una feliz casualidad del destino a Jose María y a Ciro los hermana algo más que la literatura. Ambos pasaron sus primeros años al borde de los inmensos cañones  que moldearon sus obras; el del Apurímac y el del Marañón.  Muchos extranjeros leen Deep Rivers antes o durante su viaje al Perú. De esta manera obtienen una visión más íntima del cañón del Urubamba y se alistan para la experiencia de Machu Picchu. El día que Kuélap sea más famosa, La serpiente de oro estará en boca de todos. No dejen de leerlas.

Ernesto, un niño de 14 recuenta los viajes que hace con su papá por la sierra de Cuzco y Apurímac;

Rios Profundos

Rios Profundos

En la tarde llegamos a la cima de las cordilleras que cercan al Apurímac. “Dios que habla” significa el nombre de este río.

El forastero lo descubre casi de repente, teniendo ante sus ojos una cadena sin fin de montañas negras  y nevados, que se alternan. El sonido del Apurímac alcanza las cumbres, difusamente, desde el abismo, como un rumor del espacio.

El río corre entre bosques negruzcos y mantos de cañaverales que sólo crecen en las tierras quemantes. Los cañaverales reptan las escarpadas laderas o aparecen suspendidos en los precipicios. El aire transparente de la altura va tornándose denso hacia el fondo del valle.

El viajero entra a la quebrada bruscamente. La voz del río y la hondura del abismo polvoriento, el juego de la nieve lejana y las rocas que brillan como espejos, despiertan en su memoria los primitivos recuerdos, lo más antiguos sueños.

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El viajero lo sabe

A medida que baja al fondo del valle, el recién llegado se siente tranparente, como un cristal en que el mundo vibrara. Insectos zumbadores aparecen en la región cálida; nubes de mosquitos venenosos se clavan en el rostro. El viajero oriundo de las tierras frías se acerca al río, aturdido, febril, con las venas hinchadas. La voz del río aumenta; no ensordece, exalta. A  los niños los cautiva, les infunde presentimientos de mundos desconocidos. Los penachos de los bosques de carrizo se agitan junto al río. La corriente marcha como a paso de caballos, de grandes caballos cerriles.(…)





La Ruta Choquequirao – Machu Picchu

7 02 2009

Atravesando la Cordillera Vilcabamba

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CHOQUEQUIRAO un "nuevo" clásico

Esenciales:

–  Choquequirao; “Símbolo de la resistencia andina”,  de lectura indispensable                                                                                                                                                                                                                                              EL libro (UNMSM, IFEA, FCPF)

– “La casa da la caída de agua” en Arkinka julio 2003

Excelente articulo sobre la vivienda del Inca en Choque

– Ir en verano costeño, época de lluvias en la sierra (diciembre – marzo) es mucho más complicado, pero dicen que tiene su gracia. No puedo advertir o recomendarlo porque no lo he hecho. Siempre he ido en julio.

– Si van por Cachora, no dejen de contactar a Celestino Peña. Gran conocedor de la ruta y buenísima persona. Un día me llama a Lima y me dice que vaya al terminal de buses a recoger un regalo que me mandaba Ceferina, su esposa. Los mejores chicharrones que he probado hasta ahora son los que prepara doña Cefe… (pionerochoquequirao@hotmail.com)

Villa Los Loros Choquequirao Lodge (083 81 60 52 http://www.choquequiraolodge.com)

– Si van por Huanipaca (poblado a 4  horas y media de Cusco, pasando el desvío a Cachora camino a Abancay) alójense en Villa Los Loros. Cuando yo fui estaba a S/.90 la noche, vale la pena. Pueden acampar si comen en el restaurante. Los dueños son una pareja de italianos visionarios y buena gente (Marco 00 51 84 244552).

Antecedentes:

Habíamos estado en Choque en el 2000. Me acuerdo que subiendo al ushnu pasé por el cartel de madera de fondo azul que con letras blancas indicaba la dirección a “Yanama”. Me parecío muy lejana la posibilidad que algún día caminase  hasta allá y claro, tener que seguir caminando hasta salir al valle del Vilcanota (Urubamba) por atrás de Machu Picchu. Esa vez me asustó la idea de llegar a Yanama y estar a mitad de camino, anticipando mi malestar de no poder regresar por donde vine (si sólo haber llegado a Choque me había agotado!) y presagiando que la continuación del camino necesariamente se pondría más difícil.

Un par de años después hice este viaje (la Ruta Choque-MaPi). Esta vez con A, que sí sabe caminar, pero sin burros y sin guías. En realidad es difícil perder el camino, la trocha está muy marcada. Esto no significa que no se necesite un guía. Un buen guía hace de un buen viaje un viaje espectacular. En teoría se suponía que llegando a Choque podríamos alquilar burros si alguno lo necesitaba. En teoría. Y sí lo necesité. Al menos eso pensé cuando nos dijeron que no habían burros la mañana que salimos de Choque hacia Maizal, camino a Yanama. Ahora sé que tampoco son cruciales, pero si tuviera la oportunidad de volver a caminar esta ruta, alquilaría burros y llevaría un buen guía, tomaría mejores fotos, descansaría más, me bañaría más tiempo en el Yuracmayo (Río Blanco) y en las termales de Colpapampa, conversaría más tiempo con los otros viajeros -locales o no- y llevaría un par de libros sobre Choque que se han publicado últimamente para dejarlos en la escuelita de Yanama, en la de Colpa o a mi amigo Julián Covarrubias de Campamento Santa Rosa. “Choquequirao; símbolo de la resistencia andina” no dejen de revisarlo antes de ir!

* * *

DIA 1 < Tambobamba>  <Choquequirao>

Resumen: Caminamos de 6:30am a 1:30pm. El tramo no es largo, pero sí muy empinado. Fueron 16 kilómetros en total (8 de subida), con un desnivel de 1800 metros aproximadamente. USEN DOBLE MEDIA para cuidar sus pies, que el camino el día siguiente es largo…

6:30am. A 20 minutos de Villa Los Loros, saliendo de Tambobamba hacia la Hacienda San Ignacio donde está el puente que cruza el Apurímac. El camino tiene una ligera pendiente y se deja caminar fácil.

comenzando

Desde acá ya se pueden ver las "z" que horas más tarde nos harán sufrir subiendo hacie el campamento del INC en Choquequirao

El edificio de la hacienda se distingue entre el verde de los frutales

En Incidents of Travel and Exploration in the Land of the Incas G.E. Squier anota "Here, where there is a patch of soil, tropical products flourish with more than tropical luxuriance. The water is judiciously distributed over the slope, which looks like a green gem in a setting of dull, amber-colored mountains.

En medio del verde se distingue el edificio de la hacienda. Lo que sorprende es que los alrededores sean laderas absolutamente secas, desérticas. Ahí donde hay espacio, se siembre y cultiva. Los locales nos dicen que crecen piñas,mangos, papayas, chirimoyas…

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Ex hacienda San Ignacio

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San Ignacio

Todavia mantiene algo de su esplendor

A pesar de l tiempo se percibe algo de su antiguo esplendor ¿o no?

Pasamos por lo que parecía haber sido la capilla de San Ignacio. El Apurímac se escucha cada vez más cerca.

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Muy temprano, el sol comienza a quemar; abajo el Apurímac, límite natural con Cusco

El puente San Ignacio a unos 250 metros más abajo. El sol nos quemaría toda la subida. El Apurímac es la frontera natural entre este departamento y  Cusco.

Cruzando el puente colgante

Cruzando el puente colgante San Ignacio

Entramos a Cusco ansiosos por la primera subida.

Este puente es más corto que el que cruza por Chiquisca (camino de Cachora) hacia Campamento Santa Rosa porque en este lugar el cañón se estrecha mostrando todo su esplendor.

Prohibido burros

Prohibido burros

La ruta de Cachora es la más conocida, tal vez porque se permite el traslado de carga en bestias. En cambio por esta,  la ruta Huanipaca-Tambobamba, no se permite subir con burros. La huella es demasiado estrecha y se sabe que hace muchos años viajeros e incluso el arqueólogo que mejor conoce Choque tuvieron problemas con sus bestias por aquí.

Otro inconveniente es que una vez cruzado el Apurímac, no hay más puntos de agua hasta la zona de campamento adyacente a los restos. 2 litros bien utilizados serán más que suficientes.

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Vista desde el lado cusqueño; la hacienda y el refugio COPESCO

Estamos como a 200 metros sobre el Apurímac. Los refugios COPESCO están muy bien ubicados pero ¿cuándo comenzarán a funcionar y quién los manejará?

vistapuentecachora

A penas se distingue el puente que cruzan quienes viajan por Cachora (casi a la mitad del río)

Las “z” en la ladera derecha es el camino más conocido a Choque, que baja de Chiquisca (habiendo comenzado en Cachora) hacia Playa Rosalina.

Vista del camino

Vista del camino a mitad de la subida. Casi no hay sombra hasta la última sección donde empiezan las escaleras.

Mirando el cañón, nuestra ruta sube por la ladera de la derecha, a Cachora se va por la izquierda.

Mirando el cañón, nuestra ruta sube por la ladera de la derecha, a Cachora se va por la izquierda. Era casi la 1pm, así que toda la ruta nos tomó 6horas y media.

El tiempo entre estas dos fotos lo aprovechamos para almorzar y depués de una siesta reparadora planeamos qué hacer; subir  hacia la otra ladera y ver el mural de las llamas o bajar por la ladera del campamento y ver La Casa de la Caída de Agua.

Decidimos dejar el mural de las llamas del sol para la próxima, Optando por bajar y ver la casa del inca y su catarata.

A frente a La Casa de la Caida de Agua, o la residencia del Inca de Choquequirao.

Frente a La Casa de la Caida de Agua, o la residencia del Inca de Choquequirao.

ARKINKA; revista de arquitectura, diseño y construcción (páginas 82-91, N. 92 de julio de 2003) publicó el artículo más completo que he leído sobre esta construcción, escrito por los expertos Roberto Samanez (arquitecto) y Julinho Zapata (arqueólogo). Su lectura es absolutamente imprescindible para tener una idea cabal de lo que fue y del significado de esta vivienda.

Reconstrucción de la casa de la caida de agua, vivienda del Inca de Choquequirao (tomado de Arkinka pag. 91)

Reconstrucción de la casa de la caída de agua, vivienda del Inca de Choquequirao (tomado de Arkinka pag. 91)

Dicen los autores del artículo: “Como era usual entre los incas, la casa debió pertenecer a un solo Inca Regional, quedando vacía sin otro ocupante después de su muerte. Su mantenimiento y conservación permanente era sin embargo un acto ritual en homenaje a su memoria, que debió cumplirse mientras se mantuvo la presencia de los últimos descedientes del Tawantinsuyo en Choquequirao.”

Literalmente, el Inca se bañaba en agua bendita o divina. Esta bajaba por las laderas luego del deshielo en el Apu Corihuayrachina, que corona la "cuna de oro" o "montaña metálica" que es Choquequirao.

Literalmente, el Inca se bañaba en agua divina. Esta bajaba por las laderas luego del deshielo en el Apu Corihuayrachina, que corona la “cuna de oro” o “montaña metálica” que es Choquequirao.

El viajero no deja de sorprenderse ante la capacidad, la intución y sensibilidad de los arquitectos inca para amalgamar sus construcciones al entorno natural.

Piedra ritual frente a la casa

Piedra ritual frente a la casa

pichanga

Los trabajadores jugando una pichanguita en cancha ganada al cerro entre la casa del Inca y los andenes superiores. ¡Increíble!

9pm; un grupo de limeños vecinos de carpa. No estaban seguros de creer que "por allá" se llegaba a Machu Picchu. Saludos Antonio, Victor, Kike...

9pm; un grupo de limeños vecinos de carpa.

No estaban seguros de creer que “por allá” se llegaba a Machu Picchu.

‘Hasta aquí el primer día de la ruta. Me acuerdo que a penas me eché a descansar, no podía dormir por la ansiedad de lo que sería el camino del día siguente. Pensaba; no puede ser más fácil que el de hoy, sabía que tendríamos que subir al Abra de Choque y luego bajar a unos restos arqueológicos que no conocía, para seguir bajando al río. Hasta allí recién la mitad del recorrido. Faltaba toda la subida a Maizal y el día después tendríamos que – dejé de pensar…