“Skipping Machu Picchu for Choquequirao”: Yes, but.. not really

15 11 2011

Almost entirely agree with Mr. Terry Phillips’ review* .

I would add/point out:

1. Trekking to Choquequirao can take 3 days (in and out) by hiking the Huanipaca instead of the Cachora route.

Inca Chiaroscuro during winter solstice at the the Sacred Platform, Choquequirao

The Choquequirao experience as a whole has been constantly put down by misinformed hikers that think the town of Cachora is the only reasonable access. Personally, I wouldn’t travel this far to walk the same 32k (20miles) to and from Choquequirao. I wouldn’t do it anywhere.  This type of sacrifice is only worth it for high mountain climbing where your life depends on a security line.

Unwise tour operators (cheap and classy) and Cachora wranglers alike are keen on advising Cachora as both the starting point and finishing line. This means fewer costs for everyone at the expense of an awesome destination’s experience.

The savvy traveler will appreciate what locals and experienced trekkers call the “Choquequirao Loop”. A round circuit hike that allows a full day at the site (day 3) and can get you back to Cuzco by late afternoon on day 4. If you do things right. Ask your adventure travel operator, they should know.

I wouldn’t advise attempting the Choquequirao Loop alone (without an adventure travel operator that is) unless you are extraordinarily fit. Here is the catch; trekking out of Choquequirao via San Ignacio Bridge to Huanipaca is shorter than going back to Cachora ONLY IF pick up has been previosuly arranged at this valley. This is where a knowledgeable and truly bespoke travel operator comes in. Paying for such service is well worth it.

2. It is possible to continue past the site to Machu Picchu. But that trek will take a minimum of 6 or 7 (ok 8 if your lazy/unfit) days not 9. (i) Cachora-Rosalina, (ii) Rosalina-Choquequirao, (iii) Choquequirao-Maizal, (iv) Maizal-Yanama, (v) Yanama-Totora. A dirt road reaches Totora from the “Hydro” train station. If you get to Totora early you might be able to catch a ride all the way to the railroad. Please note you wont have a full day to spend at Choque with this schedule but two half-days instead.

Once again, due to remoteness, this implies quite a bit of coordination that is well worth paying for.

That being said, night on day 5 can be spent at Aguas Calientes (pathetically trying to be known as “Machu Picchu Pueblo” while standing for complete chaos and disregard for natural surroundings in direct opposition to the harmonious Inca outpost bearing the name).

Day 6 is Machu Picchu and the train back to Cuzco through the Sacred Valley of the Urubamba. By now the discerning trekker has hiked all the way from the Apurimac River (one of the world’s deepest canyons) to the Urubamba and completed a circuit that involves both Choquequirao and Machu Picchu; truly amazing and complementary (not alternative) Inca sites/experiences.

It would be saddening if you still want to cue along the Classic Inca Trail by now.

Remember to do your pre-work (reading and getting fit) if you truly want to enjoy the Choque-MaPi hike. Happy trails.

PS. Vilcabamba is a whole other story.

*Finally a last word thanking Terry Phillips for sharing his insights on this incredibly unknown and equally rewarding trail in my country.





La Franja Roja; un Yawarmayu hirviendo ¡Vamos Perú!

14 11 2011

Desde una perspectiva literaria y de viajes, me uno a la hinchada.

Al recorrer las calles del Cuzco, Ernesto  (protagonista  de Los ríos profundos y alter ego de Arguedas) , se detiene frente al imponente palacio de Inca Roca y medita:

“Era estático el muro, pero hervía por todas sus líneas y la superficie era cambiante, como la de los ríos en el verano, que tienen una cima así, hacia el centro del caudal, que es la zona temible, la más poderosa. Los indios llaman “yawar mayu” a esos ríos turbios, porque muestran con el sol un brillo en movimiento, semejante al de la sangre”.

Las franjas rojas son los ríos profundos recorriendo el Perú

Las franja roja de nuestra camiseta es un símbolo del Perú, como lo son los ríos profundos que fascinaron a Arguedas y que describió como nadie podría hacerlo. La franja roja nos habla como las piedras le hablan a Ernesto; “¿Acaso no podría decirse “yawar rumi”, piedra de sangre?”. Son el centro de la camiseta, su zona más temible. Mañana el yawarmayu que recorre la bicolor “mostrará todo su brillo en movimento, semejante al de la sangre”.

Logradísima toma del monolito en Saywite del renombrado Edward Ranney

Detrás del apoyo a la selección está, qué duda cabe, su meritoria actuación pero también está Y&R. Y detrás de ella está Pantigoso (director creativo, gestor de  Perú for Peru). Me refiero a los comerciales “La selección está de vuelta ¿Estás tú?” y a “Convocados“.  La agencia de publicidad, con tremenda visión, nos impactó a todos hace un tiempo con Un lunes cualquiera. Y&R parece no temerle al discurso “culto”, al lenguaje alturado, no desprecia la inteligencia del consumidor.

Personalmente y poniendome en el lado del cliente, hubiera dudado  que la masa identificara a Vallejo o a Vargas Llosa en la narración del comercial de Movistar. Del lado de la agencia, respondería que la literatura, en cuanto que es arte, no pretende tanto la captación intelectual, el entendimiento, sino que apunta mas bien a la satisfacción a la turbación emocional (¿Me gusta, me conmueve? Sí. Vale).

En ese orden de ideas el autor de Los ríos profundos pretende acercar el mundo andino (el Perú Profundo, diría Basadre) al peruano en general. Para explicar “yawarmayu” y tantos otros términos intraducibles, Arguedas utiliza el discurso artístico y apela a la emoción más que a la inteligencia. Se vale del corazón, del sentimiento y no del razonamiento (me recuerda la teoría Lovemarks de Kevin Roberts). Finalmente, el lector termina la obra no sólo conociendo el mundo andino sino plenamente involucrado con él.

Una suerte de discurso literario parece ubicarse detrás del lenguaje que campaña tras campaña publicitaria va uniendo a los peruanos. La selección es el Perú en 11, vestiendo la bicolor y como los ríos en crecida, como los yawarmayu, y los megalitos inca, esafranja roja eterna nos grita ¡Vamos Perú!

Impecable edición de estruendomudo (con el auspicio de la Cooperación española) conmemorativa del centenario del natalicio del autor. Carátula; obra de arte de Enrique Bustamante (http://www.aicoa.org/ebc110/)





Del Río y Davis

13 11 2011

El común denominador entre ambos es un alma viajera. Y viajar les ha permitido ser partícipes de las otras formas de vida, de otras culturas, de distintas maneras de ver el mundo. Para quienes vivimos en el Perú aproximarnos a esa otredad no es difícil, sólo hay que enrumbar desprejuiciados a costa, sierra o selva.

Los trabajos de estos investigadores son un llamado de alerta. La columna de María Luisa del Río publicada en El Comercio recoje tácitamente las palabras de Wade Davis: ¿queremos un mundo monocromático o abrazaremos un mundo de diversidad policromática?

Es irónico que en la página siguiente aparezca una foto de Chavín con el titular “El Perú tiene el mejor patrimonio cultural de América Latina“. Somos una gran contradicción; por un lado  estamos apunto de ahogar las tierras de una cultura milenaria (pre Chavín)  y del otro nos vanagloriamos de nuestra riqueza cultural. Si no viajamos al interior, si no conocemos el Perú jamás estaremos en capacidad de evaluar adecuadamente qué tanto estamos perdiendo. ¿Qué queremos para el Perú y su crisol de naciones?

Davis ha recorrido nuestro país (y el mundo) como pocos. En el 2003 dio una conferencia en TED que es absolutamente reveladora. Entonces acuñó el término etnósfera, que define como la suma total de todos los pensamientos, sueños, mitos, ideas, inspiraciones e intuiciones que han cobrado forma gracias a la imaginación humana desde el principio de su conciencia (…) es el gran legado de la humanidad. el símbolo de todo lo que somos y lo que podemos ser. Coincide íntegramente con el tenor del texto de Del Río.

En estos tiempos en los que las protestas antimineras pseudo ambientalistas marchan, queman, toman carreteras ¿por qué no le damos cabida a esos otros peruanos que son los amigos del pongo de Pakitzapango?





Maravillosamente ignorantes (por partida doble)

12 11 2011

Desde hace unos años Machu Picchu es considerada una maravilla mundial.

De ratificarse la denominación del Río Amazonas como maravilla natural, el Perú contaría con dos.

Lo cierto es que las votaciones promovidas por la New 7 Wonders no crean maravillas, a penas las nombran como tales. Hay miles de maravillas en el mundo más maravillosas que las siete escogidas. Dése una vuelta y nos dará la razón.

Nos invade una suerte de apesadumbramiento (no el hecho de contar con dos maravillas oficiales)  saber que los peruanos nos ponemos la pilas al momento de votar en concursos de este tipo pero que también votamos y elegimos como congresista  a quienes están detrás de las dragas que matan la Amazonía.

Publicación de El Comercio

¿Cuántos sabemos qué fue exactamente Machu Picchu (acaso nos importa)? ¿Cuántos repudiamos las atrocidades que ahora mismo se cometen en contra la selva de Madre de Dios? Es una vergüenza que seamos tan pocos.

El Grupo Inkaterra impulsa un esfuerzo heroico desde hace décadas en favor de la conservación de la naturaleza en Tambopata ¿Qué piensa su director, J. Koechlin de las dragas mineras en los ríos que sus viajeros vienen a disfrutar? ¿Qué lleva a un grupo de electores a votar por un innombrable como A.R.?

Ya lo ha dicho con somera claridad el premiado publicista Flavio Pantigoso en su columna del pasado jueves En defensa de la marca Perú. En lugar de festejar el Grand Prix y mostrando una humildad digna de imitarse, no teme aguar la fiesta:

[La marca Perú] es una idea viva en la mente del mundo y, como cualquier marca, si la enriquecemos, crecerá; si la boicoteamos, indefetiblemente se resentirá (…) nos adentramos hacia Madre de Dios, el encanto cede paso a la lacerante visión de la destrucción militante de nuestra selva (…) Miles de hectáreas siendo arrasadas con total impunidad por bulldozers (…) La reserva de Tambopata ultrajada (…) ante nuestra casi absoluta indiferencia. Y esa es la verdadera tragedia. CADA ARBOL TALADO, ESPECIE EXTINGUIDA, CULTURA DEVASTADA ES UNA PUÑALADA A LA MARCA PERU, QUE NO SE SUBSANA CON CLICS ‘PARA QUE EL RIO AMAZONAS SEA MARAVILLA DEL MUNDO’.

Ya en julio de este año, Robby Ralston,  otro encumbrado publicista había hecho referencia a las declaraciones del agudo observador y director de Métrica Julio Luque; “El largo camino entre la identidad y la imagen” (ver Coitus Interuptus).  Luque, como Pantigoso, les aguó la fiesta hace unos meses.  Señaló que el Perú oficial maneja la Identidad, pues es emisor de contenidos como “ser un país con dos maravillas del mundo”. Pero la Imagen es un elemento que vive en la mente del receptor, fuera del control del emisor. En palabras de Ralston; ahora tenemos una Identidad de Marca espectacular, ¡pero nuestra Imagen sigue siendo muy mala! Y no por la publicidad ni por los logos, sino por la realidad misma de nuestro país al que le faltan arreglar muchos temas internos.

Esa realidad es la que aflora en los Aduviris que arruinaron el turismo en Puno para el 2011 y quién sabe cuántos años más, es el mercurio y las dragas en la zona de amortiguamiento de Tambopata. Afortunadamente, todavía hay peruanos que se niegan a aceptar esa realidad y proponen una distinta y mejor, como la de Rainforest Expeditions, por ejemplo.

Resulta insultante un representante del pueblo del tipo Come Oro que se empeña en perpetuar una imagen como la de la  foto, pero es un acto de suprema ceguera  creer que esa misma Amazonía (de continuar su devastasión) es una maravilla. Si lograr maravillas en concursos (falsa realidad) mientras devastamos la realidad de los hechos (el ecosistema) nos deja tranquilos, entonces es preferible perder todos esos concursos. Y perderlos por goleada. No ganar significa no crear una falsa representación de la realidad y ello nos arrancará la venda de los ojos y caeremos en cuenta de lo que estamos perdiendo en la realidad real.

‘Y Machu Picchu ¿Acaso tiene usted la menor idea de qué fue Machu Picchu?

Interésese, lea, viaje. Opte por Colán en vez de Varadero y separe un par de días para admirar al Señor de Sipán y la Dama de Cao, remonte los andes centrales y conozca la selva de Junín, vaya al Lago Titicaca, y si es limeño y no tiene plata ni tiempo explore el templo oracular de Pachacamac o el Museo Larco. Pero hágalo. Lleve a sus hijos.

De lo contrario seguiremos siendo maravillosos. Maravillosamente ignorantes.





El Chavo del 8 se estrena en la remota Cordillera de Vilcabamba entre Choquequirao y Machu Picchu

5 07 2011

Hace algún tiempo un grupo de caminantes cruzó la Cordillera de Vilcabamba, uniendo los valles de los ríos Apurímac y Urubamba. Llevaban una carga (un encargo) muy especial.

Hasta ahora no deja de sorprender que tan poca gente (¡tan pocos peruanos!) sepan de Choquequirao, y que tantos menos hayan estado allí.

Resumidamente, se trata de un resto arqueológico inca suspendido a más de mil metros sobre las aguas del río Apurímac, en una corniza imposible del Apu Corihuayrachina. Los andinos creemos que algunas montañas especiales están habitadas por un espíritu tutelar; a estas montañas conocemos como Apus.

Recordemos que Machu Picchu se ubica también en un acantilado sobre el Urubamba, en un “brazo” del Apu Salkantay que se descuelga hacia la selva del norte cuzqueño. Esto hace que muchos las llamen “ciudades hermanas”. Pero el término occidental de ciudad no se aplica cabalmente a esos emplazamientos inca. En quechua se les dice mas bien “llacta”.

Si Machu Picchu fue construida como un royal retreat (en términos de John Rowe) de la familia real del Inca Pachacútec, los investigadores han postulado que Choquequirao desarrolló el mismo rol una o dos generaciones después; ya sea con el Inca Tupac Yupanqui (hijo de Pachacútec) o el Inca Huayna Cápac, nieto de este.

Además del equipo de trekking usual; botas, carpas, casaca polar, bastones, mochilas y comida, el grupo llevaba consigo un encargo especial; un panel solar que tendrían que instalar sin saber cómo.

Para llegar a la locación tuvieron que superar el Cañón del Apurímac, remontar el Abra Choquequirao, traspasar el Cañon del Yurakmayo y trepar rumbo a Yanama. Fueron tres días de arduo y satisfactorio camino.

Luego de la instalación se dirigieron a la temible Abra Choquetacarpo, la más alta de Vilcabamba (denominación de toda el área entre los ríos Apurímac y Urubamba, aunque también es el nombre del último refugio inca, así como de un poblado de fundación española y adicionalmente el nombre de una cadena de picos nevados o cordillera). El paso estaba nevado y el viento helado punzaba la piel. Sin embargo, un olvidado camino inca de piedra los llevó tranquilamente hasta las alturas del abra. La pendiente artificial tan bien estudiada y planeada por los incas es un verdadero placer para el caminante. A casi 5 mil metros sobre el nivel del mar uno no se cansa de admirar (y agradecer) tremenda obra de ingeniería que facilita la escalada.

A menos de 50kms de distancia hordas de turistas viven el loquerío del Camino Inca Clásico. No nos malinterpreten, la experiencia de arribar a Machu Picchu por el Intipunku (puerta del sol) es única, pero tal vez sea más conmovedor este otro camino inca abandonado en un lugar tan remoto. No había nadie delante ni detrás del breve grupo de caminantes.

¿Estás seguro que es por acá? Le preguntaron al amigo de Huancacalle (el pueblo vecino).

“Claro pues papi, ¿¡cómo no va a ser por este lado!?”

A las 11:30 de la mañana del día siguiente vimos las primeras casas de su comunidad. No se equivocó.

Revisando la filmación uno se llena de emoción riendo con El Chavo del 8, que estrenó la función en las alturas de la remota Cordillera de Vilcabamba.





Panoramica del Abra Yanama

30 06 2011

Entre Choquequirao y Machu Picchu se alza imponente, como una cortina lítica, la Cordillera Vilcabamba.

Es una muralla gigantesca que separa los ríos Apurímac y Urubamba.

*El Apu Pumasillo

*Click en la imagen para verla completa (Pumasillo o “Garra de Puma”)*

Detrás de los picos nevados está Vilcabamba La Vieja, último refugio de los Incas. En camino a Vilcabamba se pasa por Vitcos, sede del palacio de Manco Inca. Ahora existe un centro poblado adyacente a Vitcos; Huancacalle. Desde ahí son 4 días de ardua caminata hasta Vilcabamba.

El camino al extremo derecho de la toma es el que une el cañón del río Blanco, Pincha Unuyoc y Choquequirao hacia el sur con el pueblito de Yanama hacia el norte. Yanama está a los pies de los nevados, oculta en el fondo del valle.

Desde Yanama un camino inca olvidado con rumbo nor-oeste conduce a través del Abra Choquetacarpo a Vitcos (Huancacalle) y Vilcabamba. Desde Yanama, una senda en dirección nor-este lleva a Totora, Colpapampa y Machu Picchu.

Tal vez sea en este el lugar donde el viajero que recorre la ruta Choquequirao-Machu Picchu se siente más abandonado, más expuesto a los cabrichos de la naturaleza. Minutos después de esta foto las nubes oscurecieron el día y la lluvia inundó todo. Los ríos crecieron, los caminos se hicieron resbalosos, las mulas trajinaban y los caminantes vacilaban ansiosos.

Mientras más remoto el lugar, más cerca parece estar uno de sí mismo.

Y si sólo se puede llegar (y salir) caminando, la sensación de extraño desasosiego se torna reveladora.

¿Qué se siente coronar un Apu?

Sé que el Pumasillo es un pico que nadie ha escalado. Cada vez que se recorre esta ruta, el llamado a intentarlo es más fuerte.





PAISAJES PERUANOS

25 02 2011

Por su cercanía a Choquequirao, “El paso del Apurímac” es el capítulo que más nos conmueve. La obra de José de la Riva-Agüero presenta en ese tercer capítulo la más hermosa descripción de esa zona específica de la falla geológica que hoy se conoce como el Cañón de Acobamba.

Riva-Agüero opta por explorar la sierra peruana en un época en que esta permanecía aislada (sólo podía llegarse a Cuzco en mula) y era menospreciada por los círculos que el autor frecuentaba en Lima. Porras señala acertadamente que “(…) la historia está adherida a la tierra y brota de ella un mandato ineludible. Sin aceptar el determinismo fatalista del medio , no cabe dudar de la influencia culminante del medio en la vida primitiva de los pueblos y  en las orientaciones fundamentales de su cultura, como tampoco la reacción del hombre al reto de la naturaleza.”

Esta edición de 1995 tiene un fantástico estudio preliminar de Porras Barrenechea

Ya hemos hecho referencia a nuestra posición contraria al determinismo geográfico, por tanto suscribimos enteramente las palabras del historiador. La sierra peruana tiene una bravura de puma acosado, diría Alegría, y la misma bravura definió la personalidad del hombre andino que la aprovechó sabiamente.

Como Riva-Agüero a principios del siglo XX, el viajero de hoy que se aproxime a pie a esta sección del Cañon del Apurímac, reconocerá súbitamente la ferocidad de una geografía indomable. El paisaje aquí es conmovedor, devastador; hay que ir bien preparados para enfrentar cuestas imposibles y bajadas sin fin. Al fondo siempre el río Apurímac.

Dejemos que Riva-Agüero nos narre su hazaña:

(Extracto libre)

“Apurímac se traduce príncipe sonoro o rey de los ríos y fue adorado por los indígenas entre los mayores dioses. Al norte y a los confines occidentales, se empina la cordillera en violácea gradería, de la que emergen el Soray y el Salcantay embozados en nieves y nubes, y a cuyos pies se guarecen, adivinadas en la lejanía, entre bosques tropicales invisibles, las fortalezas de Choquequirao y Vilcabamba, últimos refugios de los incas proscritos.

 Diríase que descendemos a la cripta de un rey sobrehumano. Aún no oímos la corriente. De pronto, en una revuelta del camino, un fragor indecible nos asorda; y entre obscuros y desmesurados bastiones graníticos y calcáreos, relumbra el Apurímac, a modo de una grande espada curva. En este momento acuden a mi memoria versos de Manuel Adolfo García, que leí en mi niñez. Dicen:

 ‘las juguetonas sirenas del Apurímac’

 ¡Cómo ignoraron y falsearon nuestros románticos la verdadera fisonomía del paisaje peruano! Este foso de piedra profundísimo, en el que hierve el caudal espumante de las aguas, a nadie puede ofrecerle imágenes de juego y de blandura: es un cuadro de salvaje belleza, de exaltación siniestra, sucitador de un sombrío frenesí. El numen de sus orillas era una cruel divinidad que inspiraba furor profético, y a la que erigieron los indios un templo célebre, en la ribera oriental. Profería el oráculo sus sentencias junto al estrépito del río. Su santuario, según Pedro Pizarro, estaba muy pintado, sin duda de bermellón y amarillo naranja como los otros principales del país. Cerca de él, añade Cieza, había un palacio habitado por los incas cuando acudían en peregrinación a consultar al Ídolo, como todavía lo hizo el último Manco. La efigie era un leño grueso y rudo, tinto en la sangre de los sacrificios.

De curso arrebatadísimo el Apurímac es en este sitio impropio para la navegación. Sin campos en sus orillas, sumido en honda concavidad, entre formidables acantilados de piedra, es igualmente inútil para el riego. Ajeno a todo menester prosaico, tiene aquí sólo el desinteresado valor de un espectáculo, la esterilidad fecunda de los seres más nobles: incomparable excitante para la imaginación, aliento para el alma, exhortación de sublime vehemencia, visión significativa y magnífica, heroico entre sus almenas rocas, destrozador de las moles ingentes, vencedor de las más duras breñas. Apurímac; eje de toda nuestra historia, es la gigante voz de la patria, el sacro río de los vaticinios, que naciendo entre riscos saturados de leyendas y recuerdos, corre impaciente a dilatarse en las llanuras amazónicas.

En el seno de la quebrada sofocan el calor y las nubes de mosquitos. No se ve del cielo más que una angosta franja de intenso azul. La corriente, velocísima y lodosa, arrastra ramas y pedruscos; se crispa en unas partes con espumosos remolinos; presenta en otras, placas lívidas y aceradas, centellea más abajo como las mallas de una armadura.

 El puente nuevo, denominado Tablachaca, que sucedió al antiguo colgante de mimbres (descrito por Markham, Squier y Castelnau) fue cortado en la revolución del anteaño. Al extremo opuesto, hay una gran peña a cuya sombra me siento.

 La subida es un molesto sendero. Serpentea en las laderas abruptas, sobre el abismo del río. Duermo en la hacienda, a la madrugada siguiente, subo al pueblo de Curahuasi.”

Son muchos y muy variados los comentarios que podemos hacer a este pasaje. Habiendo ya reconocido y admirado la cualidad artística de la descripción (creemos que no se ha publicado nade mejor en ese respecto) toca ahora hacer unas precisiones.

En cuanto al significado que nuestro autor postula para Apurímac, léase “príncipe sonoro o rey de los ríos”, debemos decir que se trata de una etimología popular carente de sustento fáctico. El término está compuesto por la raíz “rímac” que quiere decir “hablante” o “hablador” y el modificador “apu” que significa mayor o “principal” ambos en quechua. De lo anterior se colige que Apurímac es en realidad “Hablador principal”.

El término ha sido analizado por el eximio linguista Rodolfo Cerrón-Palomino y ya trataremos espicíficamente de ello en otro post. Baste por ahora precisar que la idea “del río que habla” no es propia del mundo andino. “Hablador principal” hace referencia a otra idea; se trata del oráculo mayor cuya sede se ubicaba cerca del río en esta misma zona. Si bien el historiador John Hemming sostiene que dicha sede se ubicaría en Saywite, el antropólogo Marco Curatola ha deslizado la idea que la locación correspondería mas bien al mismísimo Choquequirao. Coincidimos con la última tésis, sobra la que ahondaremos también en otro post.

A la definición de Apurímac como oráculo principal sirven la acotaciones deRiva-Agüero pues identifica la existencia  de una “cruel divinidad que inspiraba furor profético (…) Profería el oráculo sus sentencias junto al estrépito del río.” Además precisa que habría estado pintado de bermellón (es decir, de color rojo) como otros santuarios mayores -se nos viene a la mente Pachacámac-. Acerca del enlucido rojo, podemos adelantar que los más conspicuos estudiosos de Choquequirao ya han determinado que algunos de sus sectores  estaban pintados, precisamente, de rojo. Prometemos investigar el tema y publicar al respecto. Por último, la idea que el inca rebelde de Vilcabamba haya consultado específicamente a este oráculo (“como todavía lo hizo el último Manco”) refuerza nuestra tésis de Choquequirao como sede del Apurímac. Esto es así porque es sabido que la “tierra de guerra” es decir, la zona dominada por Manco Inca y vedada a los españoles se extendía hacia el sur oeste hasta el Apurímac. Por encima del río se ubica Choquequirao y Manco pudo haber accedido a la sede oracular por el camino que une Vitcos (centro político de Vilcabamba durante los primeros años de la gesta) con Pincha Unuyoc y Choquequirao, sin tener que haber abandonado la tierra que permanecía bajo su control. Nada de esto supo Riva-Agüero ya que quien centraría su interés en Vitcos y los incas de Vilcabamba sería Bingham, quien ese mismo año recorría el otro lado de la cordillera, siguiendo el curso del Urubamba.

Es una lástima que Riva-Agüero no se haya animado a recorrer los escasos kilómetros (deben ser a lo más 5) entre el Tablachaca (literalmente, “puente de tabla”) y el Maucachaca (puente antiguo hecho de ichu). Indica que el puente de ichu “fue cortado en la revolución del anteaño” es decir, ya no colgaba más. Sin embargo se hubiera deslumbrado con el túnel inca que conduce al puente y con seguridad  nos habría legado la descripción más bella de su entorno.