El Alma y los Andes

10 06 2010

En el Alma de quien cruce los Andes

persistirá siempre

como una herida

la impresión del paisaje

Ciro Alegría; el alma en los Andes (Puerto Rico, 1952)

Las palabras de Alegría son claras.

¿Pero qué hay detrás de esa claridad?

El paisaje es parte del hombre, sin duda. Pero el paisaje peruano es determinante. En otras palabras, el paisaje del Perú es además de un entorno cultural,  un elemento creador, transformador. Un pachacuti.

Si todos los peruanos nos reconociéramos como andinos la mediocridad intelectual que se manifiesta en expresiones racistas / discriminatorias pronto se desvanecería.

El paisaje del ande es protagonista en la obra de Alegría, también es un escenario, un “setting” majestuoso.

El limeño que habita la segunda capital más desértica del mundo es tan andino como el iquiteño viviendo en la ribera del Amazonas y el puneño junto al Titicaca.

La Cordillera de los Andes es la espina dorsal del Perú, y si bien determinó los ciclos culturales, los encumbramientos y colapsos de las naciones antiguas, la primera  civilización americana (Caral) y el último imperio del continente (Inca), nuestra identidad andina no termina de calar en los peruanos. Y debería.

Importa destacar que la determinación producto de los Andes nada tiene que ver con los postulados de las tésis del determinismo geográfico. Todo lo contrario. Los Andes impregnan al Perú con casi todos los climas del mundo y sería un absurdo racista arguir que por ser un país tropical (ubicado entre los trópicos) su gente somos de tal o cual modo. Ya lo ha aclarado meridianamente el Pulitzer Jared Diamond en “Guns, Germs and Steel”.

El alma herida por el paisaje andino es una bella forma de anunciar la inmensa riqueza cultural peruana, porque nuestro paisaje está discretamente plagado (no es una contradicción) de manifestaciones culturales. Las cumbres más altas fueron sede y testigos de las capac hucha; sacrificios humanos  realizados para aplacar la ira de los apus, agradecerles las cosechas y pedirles por la abundancia de agua (La Dama de Ambato en Arequipa). Las abras en los valles inter-andinos, de la zona quechua, sembrados de apachetas y huancas que marcan la humilde presencia humana ya sea en los lugares más apartados como también en medio de las casas o kanchas. En las yungas o zonas bajas de la costa, las laderas de los cerros y las pampas decoradas con figuras como sucede en Nazca, Palpa, Toro Muerto. Finalmente, las yungas amazónicas son fuente ancestral de conocimiento por excelencia. No es casualidad entonces que los antis, la etnia que habitaba la entrada a la selva amazónica en Vilcabamba haya dado nombre a la Cordillera de los Andes.

La obra de Alegría es una invitación a recorrer el mundo andino, que es el Perú.


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